A la fuerza ni los cubrebocas entran

Eloy Garza González 

El gobierno del Estado exige los cubrebocas en la vía pública. A estas alturas, con el virus a raya, esta medida genera una falsa sensación de protección. 

En la tierra de nuestros vecinos, Texas junto con Missisipi la gente puede andar en la calle con la cara descubierta. 

En Nuevo León las autoridades exigen el cubrebocas más allá de su uso restringido al personal médico cercano a las personas contagiadas en casos severos. 

La mayoría de países de la Unión Europea han descartado la obligación de usar cubrebocas (barbijo lo llaman allá) comenzando por Suecia. En el Reino Unido es opcional en el exterior. Y en Alemania no es obligatorio en lugares abiertos. 

Israel ha quitado la norma de su uso al aire libre. En Polonia se circula por las calles sin cubrebocas. El argumento de aquellos gobiernos es que el uso de mascarillas no garantiza la protección y son más bien un cultivo de virus y gérmenes. Es otro punto de vista. 

Algunos estados de la República ya rebajaron las prevenciones sanitarias pero en Nuevo León se mantiene esta política. 

Buena parte de los nuevoleoneses mayores de 40 años han recibido su dosis de vacunación. En teoría, la mayoría de la población adulta dejó de ser sujeto de alto riesgo al Covid-19 gracias a la inoculación que nos dio “inmunidad de rebaño”. Esto sin contar con los nuevoleoneses vacunados en Texas, gracias al llamado turismo de salud. 

Hemos dado vuelta a la página de la pandemia desbocada, sin control. Por fin, la gente puede enseñar la boca, abrir los labios, esbozar una sonrisa. Sin embargo, Manuel de la O insiste con mantener la restricción del regreso a las aulas escolares. ¿Quieren saber por qué? 

Miren ustedes; las aulas lucen destrozadas. El recurso para remodelación y mantenimiento de escuelas (algo así como 300 millones de pesos) se esfumaron en un santiamén. ¿A dónde fueron a parar? Puede uno adivinarlo. Y esto hace que no regresen los alumnos a sus clases. 

Manuel de la O abrió restaurantes, bares, estadios, conciertos masivos, incluso antros (cosa que está muy bien, porque la vida sigue). Sin embargo, el doctor de la O ordenó por sus pistolas, que las escuelas, primarias, secundarias, sigan cerradas. ¡Vaya contradicción! 

Se nota que en Nuevo León el gobierno quiere que los muchachos salgan a emborracharse, a celebrar abrazados, a brindar y a bailar juntos, pero no quiere que estudien. Eso sí no. Prefiere dejarle al gobierno entrante de Samuel García la noble tarea de habilitar las aulas para impartir los procesos de enseñanza – aprendizaje. 

La mejor protección contra el virus es que cada uno de nosotros tengamos un sistema inmunológico fuerte, vigoroso, con ejercicio diario, buena alimentación y hábitos saludables. No hay de otra.

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