Campañas, acosadores y frivolidad


Oscar Tamez Rodriguez

El 2021 pasará a la historia por ser el año de las elecciones, no las más grandes sino las más frívolas, empañadas por candidatos acosadores, por candidatas y candidatos histriónicos.

Nuestras campañas fueron contaminadas por el Covid-19, perdieron el sabor y toda posibilidad de conectar políticamente con los ciudadanos.

Dirán: ¿A quién le importa el ámbito político de los candidatos y sus campañas? No olvidemos que es la esfera política la razón de ser, nuestros candidatos no necesitan ser carismáticos, simpáticos, coquetones, agradables; los necesitamos honestos, responsables, comprometidos con la sociedad y competentes para la tarea encomendada.

Por desgracia, la democracia en el mundo entero pierde su esencia. Desviamos el rumbo, divorciamos a las y los candidatos de su función pública, de su importancia como representantes sociales en algún ámbito de gobierno.

Los partidos postulan perfiles alejados de lo que será su función, devalúan la tarea política, la hacen parecer como una tarea irrisoria, de tontos, analfabetos, ignorantes, personajes que no necesitan conocer algo de política o administración pública, eso no importa.

Las campañas tienen todo menos política, no hay propuestas serias o reales de gobierno, no existen mecanismos para que el ciudadano intercambie con sus potenciales candidatos, todo queda en interacciones virtuales, en un breve saludo de mano durante un recorrido en zonas populares.

Las campañas buscan masa, no pueblo, buscan multitud no el acercamiento cálido con el electorado. Esto se explica en el poco tiempo que tienen los candidatos para alcanzar mayores cantidades de electores, pero no justifica lo frío de éstas.

En esa búsqueda de las y los personajes mejor posicionados en conocimiento entre la ciudadanía o porque tienen dinero para costear sus propias campañas, los partidos postulan a todo tipo de fauna, lo digo en esos términos porque no encuentro otro concepto para definir a violadores, acosadores, personas vinculadas a la delincuencia organizada, políticos de despreciable memoria.

En estos tiempos de descomposición electoral en la democracia, son mejor valuados los influencer, los carismáticos, los frívolos. Pareciera que esos perfiles “conectan mejor con los jóvenes”. ¿Qué importa si conectan o no en el ánimo y simpatía de un sector de los electores? Lo relevante debe ser qué harán y cómo, con qué, en el momento cuando lleguen al cargo.

Lo mismo sucede con políticos reciclados, personajes como Félix Salgado o David Monreal, todos ellos vinculados a delitos de tipo sexual. Salgado acusado de violación y acoso, Monreal pescado con las manos en la masa, bueno, la mano en la sentadera de una candidata quien sale a medios a defenderlo como buena mujer mexicana a su macho golpeador. 

¿Qué nos pasa a los mexicanos? Esos son los gobernantes que queremos, sean en el poder legislativo o el ejecutivo, esa fauna sentaremos en la silla de la toma de decisiones públicas. ¡Somos aberrantes los votantes!

Basta de trifulcas virtuales en las redes y chat donde desgarramos las vestiduras a favor o contra un candidato, eso es lo que quieren nuestros incompetentes candidatos, para ellos es un triunfo que nos distraigamos en pleitos estériles.

Pensemos el voto, Nuevo León y México necesita políticos, políticos serios, con oficio, con personalidad para el servicio público. Lo demás en ellos no lo necesitamos, no sus capacidades para bailar, para cantar, para ofender, eso es anecdótico.

¿Votemos por nosotros y no por ellos, muchos no lo merecen?

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