El cabello de Mariana Rodríguez y las donaciones para atender e investigar el cáncer de menores

Eloy Garza González 

Hace un par de días, Mariana Rodríguez, titular de Amar a Nuevo León tuvo un buen gesto: se solidarizó con un niño que sufre leucemia. Se conocieron en DIF Capullos. 

Tal parece que la mamá del niñito no podía asimilar emocionalmente que su hijo padeciera los estragos de esa enfermedad y que a causa de la quimioterapia se quedara sin cabello. 

Junto con el menor, les cortaron al mismo tiempo el cabello a ambos. La estilista Ana Karen le cortaba las puntas al niño y éste a su vez se las cortaba a Mariana. 

Algunos vimos bien esta medida y otros la vieron no tan bien y argumentaron su posición. Otros usuarios de redes sabotearon para variar el debate pacífico y soltaron sus típicos improperios y majaderías. Pero esos no cuentan: son haters. Ni para qué discutirles nada.         

Las figuras de autoridad pueden ejercer su influencia colectiva en dos planos: el simbólico o el diseño de políticas públicas. 

Lo ideal es diseñar medidas de gobierno para combatir algún mal social. O para mejorar las condiciones de vida de los habitantes. 

Sin embargo, un gesto simbólico tampoco es nada despreciable. Sirven para poner los acentos en temas que por lo general no ocupan los espacios viscosos del debate político. Son ejemplo de solidaridad ante el ser vulnerable y vulnerado, y yo los incluyo en ese grupo que la gran filósofa ética Adela Cortina denomina “inteligencia cordial”. 

Lo de Mariana es (así lo quiero ver yo) una muestra de “inteligencia cordial”. 

La cordialidad es un término hermano de otro que acuñó el poeta Petrarca: “compatía” (una mezcla de compartir y empatizar). 

En la civilización del espectáculo y la era de la polarización, volvamos a Petrarca: seamos compartidos y empáticos. 

También participemos desde nuestra propia posición profesional en el debate público para buscar remedios de toda índole a los paliativos contra el cáncer. 

Por ejemplo, yo recuerdo que cuando murió la esposa del oncólogo William Kaelin en 2015, de un tumor cerebral, este médico que después ganaría el Premio Nobel en 2019, pidió a los asistentes al funeral que no le llevaran coronas de flores sino un donativo para la investigación del cáncer. 

Esta idea del doctor Kaelin deberíamos emularla en México. O al menos en Nuevo León. 

Yo humildemente, no volveré a mandar coronas de flores a ningún sepelio, lo sustituiré por un donativo al DIF-Capullos para que se atienda a un menor aquejado por esta grave enfermedad o cualquier otra que padezcan ahí estos niños. 

Y la misma suma la enviaré a alguna institución que investigue el cáncer. 

Dice el doctor Kaelin que “disponer de más dinero y recursos solo puede ayudar. Cuando más se invierta de forma privada o pública en la ciencia, más conocimiento generas y progresaremos en el tratamiento de las enfermedades”. 

Tiene razón el doctor Kaelin, un Premio Nobel muy bien merecido, cuando dice que a veces no financiamos suficientemente la ciencia. 

Así que pongamos la muestra los nuevoleoneses: vamos a solidarizarnos con los menores que estén en proceso de quimioterapia cortándonos el cabello junto con ellos. Pero  también donemos a las instituciones científicas que investigan este tipo de enfermedades. 

Y les ruego encarecidamente que cuando yo me muera y estén velándome, me lloren un rato (los que así lo quieran), pero por ningún motivo me manden flores, prefiero que hagan esos donativos que tanto se necesitan. Avisados están.

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Comment (1)

  1. Concuerdo que es un buen gesto de solidaridad pero cualquier acc6de edta dama siempre dedpertará sospecha por pertenecer a la DESPRESTIGIADÍSIMA, FRÍVOLA Y FALAZ profesión de “influenciadora” que le agrega un cierto tufillo a todo lo que haga.

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