Eloy Garza

AMLO embiste a García Cabeza de Vaca: ¿lo victimizará? 

Eloy Garza González

En política se deja una puerta abierta, por si es necesario salir corriendo. Pero el Presidente López Obrador prefiere cerrar la puerta y tragarse la llave. Es su estilo personal de gobernar. La Fiscalía General de la República (FGR) pidió a la Cámara de Diputados desaforar al gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca. El Presidente no abre una puerta para negociar; su estilo consiste en encerrarse a cal y canto con sus enemigos adentro y judicializar la política.

Acusar abiertamente a Cabeza de Vaca por delincuencia organizada, lavado de dinero y defraudación fiscal equiparada, es irse de frente y no tener contemplaciones. Es un riesgo poco calculado de cara a las elecciones del 6 de junio.

Cuando la solicitud de la FGR sea ratificada mañana por los diputados, no habrá reversa alguna. Pero tampoco habrá apresuramiento en la ejecución del desafuero. Más que pretender quitarle la inmunidad a García Cabeza de Vaca, y procesarlo por enriquecimiento ilícito, en realidad se le pone la bota en el cuello al gobernador de Tamaulipas; se trata de mantenerlo engarrotado de aquí a tres meses, cuando se resuelvan los comicios.

“De nuevo el uso faccioso de la justicia donde no hay delito. Se orquesta una embestida política”, protestó Cabeza de Vaca en Twitter, y quizá tenga razón, y tarde o temprano cumpla su desquite. Pero por lo pronto, aquí y ahora, se asfixia con la bota sobre el cuello.

Con una mayoría en el Congreso de Morena y sus aliados y una FGR al servicio de la estrategia presidencial, García Cabeza de Vaca tiene de momento todo que perder y casi ninguna opción para negociar. Aunque el plan a corto plazo pueda resultarle contraproducente a AMLO y acabe por “victimizar” al gobernador panista, azuzando la fiereza de una oposición a Presidente, que hasta ahora se había visto gris y sin brío.

El Presidente juega duro y rudo, como si el único plazo perentorio fuera el 6 de junio. Ya después, tumbará la puerta a patadas, con la presa exhausta a sus pies, o más enfurecida que nunca, dispuesta a embestirlo para cobrar la afrenta. En México no se practica la política: existe la ley de la selva en una habitación cerrada.

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