JUGANDO CON FUEGO Y CON FUEROS

Paco Villarreal

Este domingo 2 de mayo, en Tamaulipas hubo marchas en apoyo al gobernador “medio desaforado” Francisco García Cabeza de Vaca. Se habla de miles de personas en caravanas en varias ciudades. No tengo por qué dudar de las cifras que se difunden, y tampoco tengo por qué creerlas. El hecho es que hubo una plétora panista defendiendo a Pancho García. Es algo así como la reproducción a nivel más numeroso, de la plétora legislativa tamaulipeca que rechazara la determinación del Congreso de la Unión.

Hay que decir que, al votar el desafuero en la Cámara de Diputados, las cosas fueron al contrario: una mayoría no panista (creo que ni emecista) votó por la procedencia del desafuero. Hasta el momento en que escribo esto, no he sabido nada más del señalado Pancho García, que ahora no sólo es presunto delincuente, además es gobernador en interdicto. Si acaso vi un video donde se echa muchas flores a sí mismo y reza la jaculatoria más socorrida por los funcionarios públicos en aprietos: la de la “persecución/campaña política”. Aquí en Nuevo León la hemos oído rezar reiteradamente, sobre todo por el candidato emecista a la gubernatura, Samuel García. Por cierto, y a propósito de parentescos incómodos, espero que Pancho y Samuel “Garcías” no acaben siendo parientes “lejanos” y/o “desconocidos”. ¡Sería el colmo!

Yo no podría asegurar que Pancho García es culpable de lo que se le acusa. Reconozco que este político tamaulipeco tiene un largo historial mediático en contra. Hace mucho que leí en Hora Cero varias investigaciones que no dejaban bien parado a mi ilustre tocayo. Y cada vez que leía una, esperaba que en cualquier momento se le llevara a juicio. Pero no, nunca se procedió contra él. Recuerdo incluso vagamente una foto tipo ficha policiaca emitida en Estados Unidos, con un Pancho García muy joven y acusado de no sé qué fechoría. Para las leyes mexicanas, cometer un delito en el extranjero no implica ser delincuente en el país. Para los principios morales del PAN, evidentemente tampoco tiene importancia.

Sí creo que los señalamientos contra Pancho García tienen connotación política. Ese es un chipote muy sobado en la política mexicana de parte del partido que sea que ostente algo de poder. Además, es inevitable, porque el sólo hecho de que un funcionario público y militante de algún partido sea acusado de lo que sea, le da a cualquier proceso civil o penal un impacto político. Más aún en tiempos electorales. El caso de Benjamín Saúl Huerta, por ejemplo, cuya presunta culpabilidad es bastante verosímil, no deja de tener ecos electoreros.

Lo que me incomoda mucho es otra cosa. Yo puedo creer o no creer en la culpabilidad de Pancho García. Pero si quiero ser justo con él y con la sociedad supuestamente afrentada por sus actos, tampoco debo creer en su declaración de inocencia ni en las pruebas que pretenda aportar al público. ¡Hasta un raterillo detenido en flagrancia se declara inocente! No soy yo quien debe dictaminar si es o no culpable. Y sería una aberración jurídica que yo, con manifestaciones públicas, quiera dictaminar su inocencia. Así no se hace justicia.

La procedencia del desafuero y su posterior rechazo, sí tienen un penetrante olor a decisiones políticas. Pero, como ha sido en otros casos jurídicos que el PAN sí ha aplaudido a rabiar, el procedimiento es coherente con las leyes mexicanas. Así que el desahogo de este asunto debe seguir el tránsito legal y dejar que sean las autoridades que convocan a gobernador de Tamaulipas quienes decidan su culpabilidad o su inocencia.

Yo no sé si el propio Pancho García influyó para que la mayoría panista en el Congreso de Tamaulipas rechazara su desafuero. Tampoco sé si él convocó a las caravanas cívico-panistas que lo defendieron públicamente. Sé que hay una acusación en su contra, y que quienes lo defienden, por motivos eminentemente políticos, están coaccionando para impedir una investigación y un eventual proceso, es decir, bloqueando a la ley. Además, hacen que Tamaulipas parezca más un cacicazgo que un estado libre y soberano, porque así no se ejerce el federalismo sino la rebelión.

La militancia manifestante panista de Tamaulipas, a sus legisladores, y al PAN en general, tendrán sus motivos muy íntimos y federalistas para defender a su correligionario, pero al hacerlo se toman atribuciones de jueces y jurados para, finalmente, proteger a un presunto delincuente y bloquear el ejercicio riguroso de la ley. ¡Será el sereno!, pero por mucho que levante ampolla el caso en las elecciones, el hecho es que hay una acusación que debe desahogarse y no hacer lo que siempre se hecho en México, desde hace años: poner los intereses de los partidos por encima de las leyes.

Por antítesis, esto me recuerda a aquel mítico magistrado irlandés que ahorcara a su propio hijo cuando lo encontró culpable de asesinato. Una leyenda, sin duda, pero ilustra muy bien lo que NO está pasando en Tamaulipas.

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