La maniobra de la reforma eléctrica explicada a los niños

Eloy Garza González

El presidente López Obrador se saldrá finalmente con la suya no aprobando sino desechando la reforma eléctrica. Y les explicaré por qué. 

En un principio, el Presidente había dejado claro a Trump y luego a Biden que su bronca no era con la inversión norteamericana; era la española a quien tenía atravesada. 

En su muy modesta apreciación (literal), los españoles se estaban pasando de lanza desde la reforma eléctrica de 2013, que aprovecharon con buena ventaja comercial. 

Sin embargo, AMLO no se las dio tan fácil a los vecinos del norte. La primera iniciativa de reforma radicalizaba los términos. Pagaban justos por pecadores (suponiendo sin conceder que en este juego exista algún justo). 

Dicho de otro modo, AMLO dejó que los norteamericanos hicieran su luchita. No importaba que Biden le soltara un par de advertencias (dardos envenenados) ni que le mandara decir con altos mandos de su gabinete que está inconforme, porque a la hora de votar la iniciativa en el Congreso, AMLO negociaría con los priistas y quedaría un nuevo borrador digamos que más “al gusto” de los norteamericanos. 

Pero la administración Biden aumentó la apuesta; las advertencias subieron de tono, la Casa Blanca puso en la mesa otros temas bilaterales como el narcotráfico y los ataques a periodistas. 

Por otro lado, AMLO tenía que hacer concesiones al PRI para sumar sus votos legislativos (un juego al que, por cierto, nunca le ha molestado entrar mientras no implique meter a Calderón o a otros indeseables en el aro). 

Eso se debe a que, como recordará el lector, el pueblo sabio y bueno no le dejó a AMLO quedarse con todo el Congreso. El 54% de los electores votaron en contra de la 4T en 2021, y el Presidente se quedó sin poder hacer él solito reformas constitucionales. 

De manera que o cabildeaba su reforma eléctrica con algunos partidos chiquitos y uno grande tricolor, o se quedaba sin guiso. 

Yo supongo (sin conocer bien a AMLO), que según sus cálculos, ya le estaba saliendo más caro el caldo que las albóndigas. Por negociar una reforma eléctrica más moderada, estaba cediendo de entrada varias gubernaturas (el PRI había aceptado negociar los votos de su bancada con una reforma corregida, pero no antes sino después del resultado electoral en los seis estados en disputa, porque como sucede en estas cosas, uno paga por ver). 

Además, tampoco a los legisladores de Morena los tiene el Presidente últimamente tan amansaditos. Dado que AMLO inició de manera prematura la contienda presidencial de 2024, su bancada en el Congreso ya se dividió en bandos, preferencias anticipadas y dobles juegos. Comenzando por el senador Ricardo Monreal. 

Que el Presidente diga que no le moverá ni una coma a su iniciativa de reforma eléctrica y así cómo está, tal cual, deberá votarse en el Congreso, significa que el Presidente se está autosaboteando.

Por supuesto que tiene perfectamente claro que de esa manera nunca pasará el trámite en la Cámara de Diputados. 

¿Entonces por qué lo hace? ¿Qué gana con dejarla intocable? 

1.- Apaciguar a la administración Biden porque no la aprobarán los legisladores. 

2.- Demostrar a sus bases que se mantiene impertérrito en sus convicciones (o sea, que se montó en su macho). 

3.- No conceder ventajas electorales a la oposición leal.

4.- Dejar a los empresarios españoles que sigan con sus amparos y demandas que al cabo estos litigios les llevarán años y a su gobierno sólo le quedan poco más de dos. 

El Presidente ha decidido ganar perdiendo para mejor enfocar su atención en su consulta popular tan polémica y sobre todo a las seis elecciones estatales en curso. Digo, mientras no se le ocurra otra cosa a AMLO en los días subsecuentes, porque uno nunca sabe con este señor. 

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