Paco Villarreal

LAS OVEJAS NEGRAS DEL COVID

Paco Villarreal

Mientras nos comíamos los obligatorios chiles rellenos de los jueves, mamá me pregunta que cuándo nos toca la vacuna Covid-19. Le digo que no sé, que según el registro nacional ya deberían estar avisándonos, pero en vista de lo que está sucediendo en Nuevo León, y en otras partes de México, lo más seguro es que ni nos avisen. Me dice que vio en la tele que en el municipio de García hubo hasta desmayados y filas larguísimas.

Yo no vi eso, pero ya me imagino la nota, el enlace en vivo, y el enorme despliegue de todos los medios preguntando a los afectados que, con sobrada razón, se indignarían por la espera. Nada más conmovedor que exhibir la pena de un anciano desfallecido, doliente o expresando el abuso al que se le somete. Me conmueve mucho, hasta olvido que podría ser yo.

Antes de que esto pasara, recuerdo que se hizo en Nuevo León una especie de ensayo general de vacunación, ofreciendo la vacuna contra la influenza. Todo mundo supo a donde podía ir a vacunarse. Una experiencia tan exitosa que, hasta el director del IMSS, Zoé Robledo, no dudó en alabar. Bueno, si así lo dicen jerarcas de la Salud estatal y federal, así debe ser. En lo particular, ni mamá no estamos vacunados contra la influenza. Fue imposible movilizarnos hasta los lugares que se nos ofrecían. Ni siquiera hemos podido asistir a consultas regulares en el IMSS. Entiendo la logística, pero creo que la lógica no cuadra con personas excepcionales, y todos los viejos tenemos ya sea condicionantes, limitaciones o manías, que nos impiden adaptarnos a un ritmo pensado desde otra perspectiva de edad.

Pero recapacito y pienso que la vacunación contra la influenza sí fue una buena idea, porque daría datos para ajustar la planeación de la vacuna Covid (buena idea si se hizo con este fin adicional). Supongo que debieron notar que la logística aplicada para 60 y más no puede ser la misma que para otros grupos de edad; cada grupo se mueve de manera distinta y bajo diferentes condiciones para poder hacerlo. No basta convocar para ver cuántos somos los que vamos. Hay que primero saber cuántos somos para prevenirse con las dosis necesarias y, lo más precisa y cómodamente posible, definir centros y días de atención. No se puede convocar a todo mundo, como con las pruebas Covid.

Tampoco recibirlos sin previa cita, porque sucedería lo que al parecer pasó en el municipio de García. Uniendo la experiencia de la vacunación contra la influenza y las bases de datos del registro nacional, no tendría por qué haber ningún problema. ¡Pero lo hubo!Tanto los servidores de la nación como los servidores de Manuel De la O, no se acaban de poner de acuerdo para trabajar en conjunto. La experiencia de la vacunación estatal parece que no aportó mucho a esta contra el Covid. En el registro nacional, se deben tener los elementos suficientes para realizar una vacunación ordenada y no agresiva, especialmente para nuestro achacoso y vulnerable grupo de edad. El Secretario de Salud, responsable de la estrategia local contra Covid, debería no sólo estar involucrado, además tener voz privilegiada para intervenir (aquí sí, por la Ley de Salud… o la divina si quiere). Y sí, el doctor De la O no deja de hablar de su equipo trabajando incansablemente en el programa de vacunación, pero ante cualquier tropiezo se deslinda y halla culpables de inmediato, ya sean los servidores de la nación o los estrategas federales.

Dice el Doctor, a mí no me crean, que ya sospechaban del gentío que se formaría en García. Acusa esta vez a los que van desde otros municipios en donde todavía no hay vacunación. Exige que sean vacunados sólo los residentes de cada municipio convocado. Olvida que hay ancianos que podrían no estar pasando el confinamiento en sus casas sino en casas de amigos o parientes. Olvida que la convocatoria federal para el registro no exige residencia sino estancia. Para quienes ya se han registrado bajo estas reglas, ahora ya no saben si su registro tendrá validez. Obviamente acabarán amotinándose frente a cualquier centro de vacunación.

Otro factor que dificulta el orden en este proceso es que, como antes con las pruebas Covid, el estado ha insistido en que deberá haber vacunas para todos. Tamaña filantropía, y esa costumbre inculcada localmente de ir a hacerse pruebas Covid hasta por aburrimiento, hace pensar a muchos que con las vacunas es lo mismo. ¿Qué hay vacunas en Perros Bravos? ¡Pues vamos todos en bola a Perros Bravos! Así topen chivas y chillen llantas. Es un poco como aquella extraña ansiedad que padecimos hace un año y nos arrojó a comprar toneladas de papel sanitario.

El estado y la federación, muy magnánimamente, también han declarado que no se va a negar la vacuna a quienes no estén registrados en la base de datos nacional. El problema es que al decir esto se meten zancadilla solos, porque precisamente el registro es el que le daría dinamismo, precisión y control al programa de vacunación. ¡Claro que no se le debe negar la vacuna a alguien que, por cualquier razón, no se halla registrado! Pero para que la estrategia funcione, se le debe facilitar el registro primero, programar después, y finalmente vacunar. Así sí, pero no vacunar a quemarropa al que llegue primero. Si ni siquiera hay suficientes vacunas ni en Nuevo León, ni en México, ni en la mayoría de los países del mundo (salvo Israel, que anda regalando las que le sobraron).

Lo más curioso de todo es que los tartamudeos operativos federales y estatales en el proceso de vacunación en el área metropolitana, están causando lo que el estado ha intentado evitar, con frecuencia de la manera más inadecuada: proteger del contagio a los ancianos. Las largas y eternas filas son zonas de riesgo por los propios padecimientos de los ancianos (que coleccionamos enfermedades crónicas), y además por estar expuestos masivamente a contagiarse con Covid-19.

En resumen, los servidores de la nación y los servidores de De la O no dan pie con bola. Ni los datos del registro ni la experiencia local con la influenza les han despejado sus entendederas. Así que le digo a mamá que se resigne, que no voy a salir yo ni sacarla a ella confiados en “a ver si” alcanzamos una vacuna mientras nos exponen por horas a empeorar nuestros achaques o adquirir nuevos. Le digo que mejor nos esperamos a que consigan la mentada “inmunidad de rebaño”. ¡Y que sea lo que Dios quiera!, si quiere, aunque al final terminemos siendo las ovejas negras del Covid… No sé por qué presiento que no seríamos los únicos borregos prietos del rebaño.

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