Paco Villarreal

UN DOMINGO DEPORTIVO

Paco Villarreal

Este domingo fue un día deportivo. No hubo magnos festejos como en otros tiempos, pero no faltaron las muestras de euforia por el triunfo de Tigres en Qatar. No sé si sirva de algo para todos en estos días tan difíciles, pero por lo menos les cargó la pila a los hinchas fervientes de este equipo. Eso les dará cuerda para estar como tábanos, mortificando a los hinchas rayados durante días, años, eones. Y bueno, lo merecen, lo mismo hacen los rayados en casos así. Los demás, pobres mortales, nos quedaremos con un palmo de narices, porque como lo dejaron bien claro algunos de los jugadores, Tigres fue a Qatar a representar a Tigres, nada más. Así que, será mejor que dejemos en paz ese sombrero ajeno. Total, es mundial de CLUBES no de selecciones nacionales.

Quienes me conocen saben de mi desinterés por el futbol profesional. Me parece abusivo que el Futbol Soccer “profesional” abrume las secciones deportivas en todos los medios de comunicación. Si somos objetivos debemos admitir que no es un deporte sino un espectáculo. Ni siquiera cumple con un principio que muchos atribuyen al deporte, aquello de “mente sana en cuerpo sano”. Como la cita original es de Juvenal, lo más probable es que lo dijo para burlarse de alguien, porque don Décimo que era más enconoso que Lilly Téllez en su curul. Y así debió ser, porque con todo y sus cuerpecitos tan sanos y sobrevaluados, ya hubo futbolistas profesionales contagiados por Covid-19, y muchos han sido protagonistas de escándalos que hubieran dado tela para cortar en los chismes de mi colonia durante meses. Ni mente ni cuerpo sanos, pues.

Si de mí dependiera, yo no llevaría a las primeras planas los triunfos o las derrotas deportivas. Destacar eso es hacer publicidad gratuita a una “industria” que percibe millones y que no deja al cliente final (el aficionado) nada más que una satisfacción efímera e inútil por la que debe pagar, a veces excesivamente. Pero no puedo negar que la afición por el futbol es un fenómeno social, así que lo consideraría para noticia genérica, cada nota de acuerdo a las consecuencias que tiene un triunfo o derrota “deportiva” entre los aficionados, como individuos y como grupo. Esto sí es en verdad relevante. Y no pocas veces las consecuencias han llegado a la nota roja. La noticia siempre debe retratar el rostro de la sociedad, no solamente su maquillaje.
Pero lo que más me llama la atención del fervor casi religioso por este espectáculo, es que también es un factor de unidad social donde las diferencias son abolidas. Es una unidad emotiva, sólida, abanderada por una camiseta. Pero es un grupo social irreflexivo, que no ha intentado siquiera utilizar esa unidad para impulsar temas deportivos (deporte real, no espectáculo), mucho menos temas sociales. Un grupo útil sólo para planear viajes siguiendo a su equipo, armar festejos públicos por sus logros y, por supuesto, organizar sedentarias comilonas para ver un partido. Conozco muchos aficionados, y casi todos son incapaces de patear algo más que la lata de cerveza que se tomaron, y cuya mayor actividad física se reduce a cargar el 24 de cheves, la bolsa de hielo y aguantar hasta el medio tiempo las ganas de ir al mingitorio. Hay excepciones, sí, pero escasas y en general sin impacto permanente ni para el aficionado ni para la sociedad.

No es que odie el deporte. Yo mismo lo practiqué alguna vez. Entonces me gustaba ver los partidos de Futbol Americano. Alucinaba con copiar estrategias para aplicarlas en el “touchito” accidentado y sangriento que sí jugábamos en la cuadra, incluso a veces medio ebrios después de ver por TV un partido narrado por Fernando Von Rossum. Este domingo sí sentí un poco de nostalgia por el Super Bowl, pero tenía cosas más importantes qué hacer. Tal vez también tuve un poco de temor a caer en la tentación de intentar jugar de nuevo, lo que sería suicida porque me dejaría en el suelo a mitad de la primera yarda mínimo con un par de infartos y un esguince.

En realidad, iba a escribir sobre los políticos y el futbol. Es que está de risa loca la foto del “senatore” con su camiseta de Tigres y disfrazado de camellero qatarí. Sí me dio ternurita Mauricio Fernández, uniformado con sus perritos. Y así otros políticos se sumaron a la exhibición pública de esa unidad emotiva e inútil de que hablaba antes. No sé si les acarree votos, sí un poco de popularidad (que no necesariamente es positiva). Yo creo que es poco práctico tratar de manipular así al aficionado, porque su fraternidad no corresponde a su identidad ni regional ni nacional sino a un “club”, y aunque siempre esté latente sólo se vuelve operativa frente al espectáculo deportivo no ante una urna.

Así que me dije: ¿para qué hablar de políticos y sus camisetas? No tiene caso a estas alturas, cuando el cambio de hábito, hábitos y hábitat, es el deporte de moda en la política mexicana. Así, que mejor me puse a tirar rollo… que es también otro deporte muy socorrido en México.

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