Racismo de oquis

Francisco Villarreal

En marzo de 2008, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, apoyó la incorporación de Ucrania a la OTAN, algo que pretendía el presidente Viktor Yúshchenko, y que dividía ya en ese tiempo a los ucranianos. Bush y sus sucesores no insistieron mucho en esa línea, y parece que optaron por dejar que los ucranianos, con el discreto apoyo de occidente, “depuraran” a la oposición. Durante su gobierno, Yúshchenko tuvo la osadía de declarar “Héroe” al colaboracionista nazi en la Segunda Guerra Mundial, Stepán Bandera. El nombramiento fue anulado, pero Bandera se mantuvo como icono de la ultraderecha ucraniana hasta la fecha. Gente que no tiene ningún reparo en enarbolar su foto y portar insignias del nazismo alemán. Creo que no es necesario especular demasiado para saber los alcances de una ralea de este tipo. Su nacionalismo no es telúrico. Su geografía es, o pretende ser genética. En realidad son un montón de idiotas, porque suponen que su pureza racial es un pinup, cuando en realidad la ciencia ha rastreado nuestro origen étnico hasta semisimios africanos que quién sabe de qué color tendrían la piel debajo de su sensual hirsutismo.

Hasta la fecha, Ucrania no ha podido sacudirse los piojos del viejo fascismo alemán. Los ha llevado incluso al poder alimentándolos con sangre, como a todo parásito similar. A Rusia, que con Putin en el poder es otro caso “curioso” de democracia maquillada ya tan común en occidente, no creo que le interese demasiado “desnazificar” a Ucrania. Se trata de una posición estratégica. Putin no ha sido capaz de dar una justificación razonable para la invasión, siquiera creíble para los rusos. Tampoco se trata de una anexión, Rusia no podría mantenerla. En todo caso puede revolucionar al gobierno ucraniano para descabezar al extremismo de la ultraderecha pro-occidental y, de paso, asegurar algún tipo de control en el acceso terrestre a Crimea. No creo factible la anexión de Ucrania. Rusia puede crear satélites, pero no devorar países. Además, Putin tampoco puede mantenerse mucho tiempo tan “heroico” ante las sanciones económicas de occidente… Por lo menos hasta el próximo invierno, cuando el suministro de energéticos rusos a la Unión Europea se vuelva un arma contundente.

Supongo que en este momento los ucranianos están especialmente exaltados por la amenaza rusa. No sé hasta qué punto la invasión rusa (porque eso es) haya clarificado su idea de nación y reivindicado su idiosincrasia. No sé si la tierra ucraniana pueda unir a los ciudadanos contra una amenaza común, o sólo acentúe las diferencias artificiales que se inventaron ellos y siguen alimentándose desde occidente. Tal vez también desde oriente, pero allá y aquí, los medios nos informan lo que quieren o lo que les ordenan, no lo que necesitamos saber. Esta “guerra” es Babel hasta en el traductor de Google.

Hace poco vi en Latinus una parte de una entrevista de Loret, el merolico de Madrazo, al Representante Permanente de México en la ONU, el doctor José Ramón de la Fuente. Los prolegómenos del cachorro de los Loret me fastidiaron. Vomitó sobre la diplomacia mexicana y dejó a Putin garapiñado con feroces adjetivos (“Adjetivo”, el tipo de palabras que un periodista debe manejar como a la nitroglicerina). Su guion era desvergonzado y servil, pero me remitió a lo que leí de una periodista real, no un farsante, sobre lo que han hecho los medios para agudizar esta crisis internacional.

Nadine White, se llama la periodista británica. El viernes 4 de marzo publicó, en “The Independent”, el artículo: “El sesgo racial en la cobertura de los medios occidentales sobre Ucrania es vergonzoso”. No creo necesario trascribir ni explicar el artículo. Le robo las citas, que son bastante ilustrativas, un “derechairo” no las hubiera expresado mejor:

“Se parecen tanto a nosotros. Eso es lo que lo hace tan impactante. La guerra ya no es algo que afecta a las poblaciones empobrecidas y remotas. Le puede pasar a cualquiera”. Daniel Hannan, The Telegraph. Reino Unido.

“Este no es un lugar, con el debido respeto, como Irak o Afganistán que ha sido testigo de un conflicto durante décadas… Esta es una ciudad relativamente civilizada, relativamente europea, también tengo que elegir esas palabras con cuidado, donde no esperarías eso, o esperarías que sucediera”. CBS News, Charlie D’Agata. Estados Unidos.

“Lo que resulta conmovedor es mirarlos, la forma en que están vestidos. Estas son personas prósperas de clase media. No se trata de refugiados obvios que intentan escapar de Oriente Medio […] o del Norte de África. Se ven como cualquier familia europea con la que vivirías al lado”. Peter Dobbie. Al Jazeera English.

“No estamos hablando aquí de sirios que huyen de los bombardeos del régimen sirio respaldado por Putin, estamos hablando de europeos que se van en autos que se parecen a los nuestros para salvar sus vidas”. BFM TV, Philippe Corbe. Francia.

“Ahora les sucedió lo impensable, y este no es un país en desarrollo del tercer mundo, esto es Europa”. Lucy Watson, ITV News. Reino Unido.

“Para decirlo sin rodeos, estos no son refugiados de Siria, son refugiados de Ucrania […] Son cristianos, son blancos. Son muy similares [a nosotros]”. NBC, Hallie Cobiella. Estados Unidos.

La cereza del pastel es la declaración del político y ex Fiscal General Adjunto de Ucrania, David Sakvarelidze, a la BBC: “Es muy emotivo para mí porque veo cómo matan a europeos con ojos azules y cabello rubio”. David no es rubio, aunque tiene ojos claros. Heinrich Himmler lo llamaría mestizo o un tártaro venido a más en un gobierno que descuartiza a su patria.

El mayor problema de Ucrania no es Putin, no es Rusia. El problema de Ucrania es una crisis de identidad; entre sus “ultras” y occidente, están imponiendo un diseño de país europeo descafeinado. En tanto, Putin juega como el gato con el ratón abriendo varios frentes rápidos, bajando velocidad, negociando, posicionando armamento, respondiendo a occidente, reprimiendo a los rusos, dejando que los medios babeen sobre el gato… pero el ratón sigue siendo Kiev, y no sólo para Putin.

¿Racismo? Pues para nosotros cualquier evidencia será de oquis cuando se lo perdonamos al vecino, al político, al gobernador, al legislador, al presidente… Y hasta se lo toleramos, festejamos y coreamos a los medios.

Al final del día, iluminar el viejo Palacio de Gobierno del viejo Nuevo León con los colores de la bandera de Ucrania queda para la historia no como un acto de solidaridad, sino como una muestra de ignorancia y ambigüedad… O algo todavía peor.

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paco villarreal

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