Yo pude ser Presidente

Paco Villarreal

Cuando aún vivía un amigo que me explicaba esas cosas raras del determinismo zodiacal, me halagaba y a la vez me preocupaba lo que decía sobre mi carta astrológica. En un contexto de convenciones sociales donde el signo zodiacal era muy útil para iniciar la conversación en un ligue, yo nunca quedaba bien parado. Escorpión con ascendente en Escorpión es como ser doble Caín, intimida, pero fascina: Clarice y el doctor Lecter. Entendía que ese perfil celeste no era la Moira griega, pero reconocía rasgos muy acertados que no he podido sacarme de encima ni con terapia ni con el sacramento de la confesión. Así, de aquellos años hasta la fecha, sigo como el perrito de Obélix, Idéfix. En mi caso la tozudez no es precisamente sobre la cena ni los árboles. Sí lo es en la paciencia de largo aliento, en el desprecio a la victoria como un logro personal, el rígido sentido de la justicia por encima de las leyes, y un ácido sentido del humor que siempre tiene una dosis no letal de provocación. Un poco retorcer la alegoría zodiacal para no repartir veneno sino hacer que cada quien produzca y se intoxique con el suyo.

Reflexiono en esto, y en otras cosas que no digo para no ponerme más en evidencia, porque estaba a punto de criticar mordazmente al ciudadano presidente López por lo de las “tarjetas rosas” y otras de sus monsergas cuando me dije “¡Ay nanita!, él también es escorpión”. Sé que no es una forma muy común comprender una personalidad, pero por lo menos es una manera de empezar. Mi finado amigo astrólogo también era sicólogo… algo sabría de eso. De hecho, alguna vez diseñé la representación de algunos personajes históricos a partir de su perfil astrológico natal o de fechas determinantes para ellos, y me quedaron bastante bien.

Un poco desarmado por estas circunstancias, trato de entender por qué y cómo fue que el presidente López ha desencadenado este pandemónium electoral en el que estamos. Lo más obvio es que trate de imponer, no tanto a él sino a su partido, en los próximos comicios, sobre todo en el Poder Legislativo y en algunos estados política y económicamente estratégicos. No lo veo como una lucha por un poder personal sino por un ideario (una novedad en México)… y no califico al ideario, puede o no ser el correcto. No lo percibo como un hombre maligno; pícaro, definitivamente sí. ¿Incapaz? Tal vez, pero otros antes han sido muy “capaces” y además operativamente genocidas.

Me da mucha curiosidad cómo es que un hombre, sin chiste, vapuleado sistemáticamente durante años, con una oratoria somnífera, perfilado por campañas mediáticas como primo hermano de Satanás, señalado casi como descerebrado, logró, primero, hacer que millones lo votaran como presidente, y que ahora siga conservando el crédito popular, si no de todos sí de una buena parte de los que lo votaron. Tanto así es el temor que despierta en sus “opositores”, que prácticamente todas las campañas electorales de partidos no alineados con Morena giran en torno a él, directa o indirectamente, pero en ambos casos, deliberadamente. Es una transliteración de la campaña que ya existía, directamente contra él, dirigida tras poco discretas bambalinas, por un grupo importante de empresarios, quiero pensar que sólo empresarios mexicanos, aunque…

De hecho, aquella campaña en la que partidos, medios y columnistas convencieron al clasemediero pretencioso de que estaba condenado a perder logros y privilegios y a caer en la pobreza solemne (¡Qué horror!), creó un ambiente de guerra civil virtual en las redes sociales (debería haber un videogame sobre esto, sería un éxito). El problema es que ahora, aunque la “coordinación” de esta circunspecta versión de “FRENAA” sigue siendo la misma, las campañas diversifican objetivos. Obedientes, los partidos coinciden en que el presidente López les estorba, que Morena les estorba, pero cada partido, incluso en medio de alianzas y coaliciones, tiene sus propios objetivos en congresos de la Unión y estatales, en los estados, y en cada municipio. La mismísima clase empresarial defiende sus cotos económicos y regionales y, detrás de esa calidad pontificia y ecuménica que santamente asume, tiene sus propios santos y capillitas. Ningún candidato, ¡ninguno!, puede presumir de que no tiene padrinos. El poder en nuestra democracia siempre está al servicio de alguien, y si no es del pueblo…

Morena y el Presidente dicen servir al pueblo. A veces parece que sí, a veces parece que lo subordinan todo a la continuidad de su proyecto, cualquiera que este sea. Los demás mosqueteros, y su suntuoso y patronal D’Artagnan, (todos para uno y uno para tres o cuatro), no ocultan la imperiosa necesidad de reivindicar el proyecto anterior, cimentado en la injusticia social, maquillándolo, eso sí, con promesas de programas sociales, estabilidad económica y obras públicas… lo de siempre, pues. Unos y otros, “conservadores” e “innovadores”, prometiendo el oro y el moro, aunque no tenemos la certeza de para quién será el oro y para quién el moro.

En estas campañas, he escuchado una impresionante cantidad de mentiras de prácticamente todos los candidatos (los debates electorales son verdaderas joyas mitológicas). Unas mentiras son obviamente maliciosas; otras, las más, exhiben el desconocimiento de esos candidatos sobre la realidad que vive la sociedad, es decir, exhiben su incapacidad para gobernar o legislar. Pero todas las campañas siembran más confusión, tanto en ciudadanos como en militantes, y hasta en los propios candidatos. La tan trabajada estrategia unitaria contra el régimen, parece atomizarse en cada alianza, cada partido y cada candidato. Ni la OEA es capaz de unificarlos ya. Los electores ya ni siquiera están seguros de a qué partido pertenece algún candidato, y las “candidaturas ciudadanas” no aclaran esa confusión. ¡Un verdadero desmadre electoral! ¿Y don Andrés?

Entonces volteo a ver la mañanera, y ahí está el origen de todo, don Andrés, con paciencia y sorna, denunciando unas tarjetitas rosas (algo que, por cierto, es una obligación inherente a TODOS los funcionarios públicos; omitir la denuncia de un posible delito ES un delito). Veo al tabasqueño señalando a políticos, magistrados, periodistas, funcionarios en general… ¡Y todos reaccionan furibundos a sus señalamientos! Veo a López Obrador proclamando su filiación antirreeleccionista sólo para provocar a sus queridos y socorridos “conservadores” (quienes, por cierto, sí resucitaron la reelección en México). Y veo que termina la mañanera y el Presidente se despide tan campante con una sonrisa, políticamente correcta, pero que pone a ebullir ponzoña en los alambiques de sus adversarios.

Sí, de plano, un escorpión bastante típico. Y es cuando me pregunto ¡qué estoy haciendo en casa! Porque revisando mi perfil zodiacal caigo en la cuenta de que toda mi vida pública fue tirada a la basura cuando ¡yo también pude haber sido presidente! Excepto porque detesto levantarme temprano y me aburre muchísimo el beisbol.

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