Samuel y ‘El Bronco’: dar la cara y vernos la cara

Eloy Garza González

El gobernador Samuel García ha pedido al Fiscal General de Justicia que “dé la cara”. 

Hay una diferencia abismal entre dar la cara y que nos vean la cara. 

Samuel García da la cara. “El Bronco”, en cambio, nos vio la cara. Los nuevoleoneses vivimos en una casa común llamada Nuevo León. 

Pensemos en Jaime Rodríguez como una especie de arquitecto a quien los inquilinos contratamos por seis años para que diera mantenimiento a nuestra casa: que reforzara vigas, resanara muros, cubriera las goteras del techo. 

¿Qué nos entregó al cabo de un sexenio? Una casa en ruinas. La obra sin hacer. Muros ladeados y el techo como coladera. Sin contar lo peor: cada cuarto infestado de ratas. Se llevaron hasta la chapa de las puertas. 

Al final, cuando los inquilinos le pedimos cuentas, el arquitecto bronco se escondió. Transcurrió el sexenio con pretextos y evasivas. 

Nunca dio la cara. 

A cada queja nuestra, una vacilada; a cada exigencia; una ocurrencia grosera y sin gracia. 

Hace meses contratamos a un nuevo arquitecto. Más joven y con más estudios. Apenas puso manos a la obra comenzaron las mentadas: ¡mira cómo tiene los muros cuarteados, las ventanas quebradas, el techo sin impermeabilizar! 

El actual arquitecto rediseñó los planos de remodelación (ahí está un Plan Estatal de Desarrollo muy bien armado que pocos se han dignado leer), consiguió en meses lo que no se hizo en años (ahí están los avances concretos en salud, educación y movilidad) y, sobre todo, denunció legalmente al arquitecto anterior por incompetente y ladrón. 

La diferencia es también de formas: el arquitecto bronco nunca se dignó a dar la cara y este lo hace a diario. 

El anterior nos vio la cara y al actual le reprochamos que nos dé explicaciones seguidas; que se exceda en decirnos cómo está trabajando él y su cuadrilla. 

Otros arquitectos municipales prefieren permanecer mudos, perdidos y bien que los celebramos por andar ausentes. 

¿No valdría la pena hacer acopio de paciencia general? ¿Que no tronáramos al joven arquitecto cuando apenas inicia su chamba? 

Queremos reconstruir la casa común, apuntalar columnas y limpiar el montonal de escombro, en muy poquitos meses, cuando el desmoronamiento es demencial.  

Dejemos de compadecer al “Bronco”, que nos vio la cara seis años, y de cargarle de más la mano a quién da la cara diariamente. 

Aventando blocks de impaciencia y azotando el piso con varillas de ansiedad no se reconstruye una casa derrumbada. 

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