Un poco de desesperanza y depresión

Paco Villarreal

Por razones que no viene al caso explicar, he estado metido en el brete de bucear en cuanta noticia despliegan los medios, de cualquier tema imaginable. Supongo que eso aparenta algo de inteligencia, pero más bien es una técnica que implica reflejos rápidos.

Es el martillazo en la rodilla que conjunta oportunidad, inmediatez y contexto; a veces, sólo a veces, relevancia social. Son actos reflejos. Significa “estar enterado” pero de ninguna manera significa comprender lo sustancial de los hechos que determinan nuestra historia como sociedad. Es, si acaso, poner gotas de solvente sobre la verdad histórica. Crear un presente perfecto ajustado a nuestra predisposición en un momento, que al final, y revisando la perspectiva hacia el pasado, sólo pondrá en evidencia nuestra insensatez.

Creo, y en verdad lo creo, que para bien o mal la sociedad evoluciona más discretamente. Nos obligamos a adaptarnos a los obstáculos que impone nuestra propia estupidez, no a superarlos.

Sobrevivientes del desastre que causamos nos sentamos en el trono de nuestros triunfos cuando en realidad no es un trono sino un retrete. Así, el resumen noticioso diario ni siquiera es un hito. Pero nos deja ver el tartamudeo de nuestra molicie a la hora de tomar decisiones pensando en uno mismo y no en nosotros. Y esto es precisamente lo que explotan los candidatos en sus campañas: nuestro egoísmo.

Así, este domingo, me entero que, como se esperaba, que iniciaron las campañas para las elecciones federales. Por supuesto, es nota obligada en los medios de comunicación reales, postizos, virtuales e incidentales. Yo siento una ligera nausea precoz tan sólo con imaginar lo que sigue: la multiplicación de las campañas que ya padecíamos. Hasta este momento he visto cómo se ha desplegado las promesas de campaña llenas de esperanza, pero inverosímiles. Ya lo había planteado en otra ocasión: no veo la manera de que se concreten considerando las finanzas públicas y el desgaste económico causado por la epidemia. La prioridad es salir del hoyo, no la magnificencia del país-estado-municipio que nos pintan los candidatos.

Todo lo que ofrecen no sólo es necesario, además lo merecemos. Pero todo lo que ofrecen es un rezago que ellos mismos en otros cargos y sus propios partidos han causado. Si fueron el origen del problema, ¿cómo creer que ellos son quienes que pueden resolverlo?

Sin embargo, mi nausea no la causa esas promesas de campaña. Todo el tiempo ha sido así, y cada vez hemos esperado en vano que las cumplan. Mi nausea la provoca el cinismo con el que se atreven a autocalificarse como los mejores, y a descalificar sin argumentos a sus adversarios. Los únicos que podrían tener argumentos más o menos sólidos contra sus opositores son los coligados con Morena, porque el estado del país y la desigualdad social son la mejor evidencia. Sí, pero resulta que muchos candidatos de esa coalición eran su oposición hasta hace poco. Y yo, la verdad, no creo que la Cuarta Transformación sea tan poderosa como para transformar a militantes de años de un día para otro. ¿Cambiaron por identificarse con el régimen o por mantenerse en el poder?

No, aunque la oposición a la 4T quiera convencerme que todo tiempo pasado fue mejor, que México progresó en los anteriores regímenes, si el avance ha sido disparejo no hay tal progreso. Empresarios y políticos escandalosamente enriquecidos, y una clase media pretenciosa que picotea en las migajas del poder, no implican equilibrio ni progreso sino una desigualdad extrema. La crítica a los programas sociales es cínica, porque es el mismo mecanismo con el que esos regímenes alimentaron su guardia pretoriana clasemediera y pretenciosa. Todos los opositores a la 4T se ostentan como la mejor opción para gobernar a México, pero la única manera en que parecen querer hacerlo es desplazando a este régimen.

Ese no es un proyecto de nación, esa es una guerra civil. En cambio, los Morenistas y asociados, se ostentan como el principio de un cambio que favorece la igualdad, la justicia y la libertad de los mexicanos. ¿De veras? No comprendo cómo puede ser esto cuando se ha echado mano de personajes cuestionados y de miembros de otros partidos, que no por abandonarlos han dejado de tener esa formación y es de esperarse que ejercerán un cargo público de acuerdo con ella.

Cada día, con cada noticia que leo sobre las campañas, me inquieta cada vez más el inminente futuro. Algún candidato, o partido, o ambos, ha dicho que en estas elecciones se juega el futuro de México. Es en lo poco que concuerdo con ellos. Juegan, en verdad, en un torneo electoral donde hasta el árbitro es un consejo que ejerce su “santo oficio” con la misma insolencia que aquél “piadoso” tribunal. Cada noticia que leo me demuestra que, como espectador de este juego, no estoy siquiera en la tribuna sino afuera del estadio. En tanto, sigo revisando información y asqueándome cada vez más de la sistematización de las mentiras de campaña y de la impostada imagen popular de candidatos. El retrato instantáneo de un resumen de noticias puede indicar rumbos, pero la consecuencia, si dejamos que se radicalice más la desigualdad, será la descomposición definitiva del tejido social y, ahora sí, sería necesaria reorganización federalista a la manera del siglo XIX, en cacicazgos. No veo ningún candidato que nos ofrezca una ruta segura hacia el progreso. Y bueno, si esto es un juego, haríamos bien los electores en tomar la iniciativa y empezar a patear duro, muy duro… aunque sea a un balón.

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