El mejor remedio de Samuel García para resolver la crisis del agua

Eloy Garza González 

Poco antes de la pandemia fui a dos países casi antagónicos pero con un problema común: la sequía. 

El primero fue Argentina, concretamente viajé a las Cataratas del Iguazú. 

Sin duda aquello es un paraíso terrenal, pero por causas de cambio climático las Cataratas del Iguazú se están quedando sin agua. 

Y el problema no es solo de contemplación paisajística. La nula agricultura y nula ganadería están acabando con la economía de esa región. 

Sin embargo los argentinos tienen un refrán: ningún problema es tan grave como para que los argentinos no lo empeoren. 

Ante la crisis hídrica este país ha resuelto atender el problema con discursos. Eso lo aprendieron del General Perón. 

Conclusión: la tierra de Evita, que ya sufre una inflación exhorbitante (solo superada por Venezuela), ahora compartirá una desdicha peor: sufrir de sed. 

Al otro país del mundo que fui antes de la pandemia fue a Israel. 

Mentiría si dijera que llegué a Tel Aviv por motivos de trabajo. Fue un viaje de placer. 

Sin embargo, eso no me impidió hacer lo que mas me gusta: mirar. Y voy más allá: comparar. 

El territorio de Nuevo León es tres veces más grande que el de Israel. Pero la población de Israel es casi el doble que la de Nuevo León. 

Los habitantes de aquel país viven dispersos en su territorio. Los de Nuevo León nos concentramos caprichosamente en un mismo núcleo urbano que para rematarla, es uno de los más contaminados de nuestro país. 

Ahora toco el punto medular. Israel es tan semiárido como Nuevo León. Sin embargo, en Nuevo León sufrimos de sequía y la gente de Israel acabó con la sequía que padecían hace 50 años. 

¿Cómo le hicieron para cumplir a ese milagro? De la forma como deberíamos resolverlo los nuevoleoneses. 

A pesar de que el clima semidesértico abarca más del 70% de Israel igual que Nuevo León, aquel pueblo le metió a sus broncas de agua innovación tecnológica. 

Y ahora ya son grandes exportadores de cereales y de carne roja. 

Si queremos resolver nuestro problema de falta de agua no atendamos lo que dejaron de hacer los argentinos. Copiemos lo que hicieron los israelíes quienes no en balde están reconocidos por su capacidad armamentística pero también por sus innovaciones tecnológicas. 

No es delito copiar. Alguna vez el joven Steve Jobs fue a la empresa Xerox (que aunque el lector no lo crea fue una de las más innovadoras empresas a nivel global de su época). 

En Xerox guardaba como piedra preciosa los planos de un aparato que se conectaba a las computadoras. Lo bautizaron como “mouse”. 

En realidad mas que un ratón, era una especie de araña panzona. 

Steve Jobs tomó el proyecto original, lo adaptó y lo fabricó. 

Cuando le reclamaron que se había robado el “mouse”, Jobs les respondió: una idea no es una obra; un proyecto no es una innovación hasta que no se fabrica, o se construye, o se edifica. 

En este artículo no les contaré lo que hicieron los israelíes para resolver la sequía. Eso de los dejo para el artículo de mañana. 

Por lo pronto les diré que ya existe un proyecto para traer agua del río Pánuco. Están los estudios de factibilidad y los planos. 

Todavía no se trata de una obra; digamos que es apenas el germen de una solución. 

Por fortuna tenemos en  Agua y Drenaje de Monterrey a un gran innovador tecnológico que se llama Juan Ignacio Barragán. 

Barragán conoce tan bien el tema, que el gobernador Samuel García lo nombró titular de una de las áreas más complicadas en el gobierno estatal. 

Por supuesto Monterrey VI o cómo se le quiera bautizar, no es la solución, es apenas una parte de los proyectos para resolver el problema de la sequía. 

Y no hay profesionista más competente que Barragán para meter mano a la obra. 

Vivimos una crisis hídrica pero los nuevoleonenses nos definimos por nuestra capacidad innovadora. También la nuestra es Tierra Santa. Mañana le seguimos. 

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