Eloy Garza

Mal ejemplo para México: Joe Biden aumenta los impuestos en su país

Eloy Garza González

Que nadie se preste a engaño. Yo soy un libertario. Y más específicamente, un fiel seguidor de la Escuela Austriaca de Economía. Mi libro de cabecera no es una novela, ni un poemario, sino un libro sobre teoría económica: La acción humana de Ludwig von Mises. 

Lo he leído arrobado una docena de veces como si fuera una novela de caballería. Sin embargo, mi principal mentor intelectual es Murray Rothbard, el más radical de los libertarios, el demonio de cualquier gobierno, el anarquista más extremo. Una simple frase suya encapsula todo su pensamiento económico: “El Estado es mi enemigo”. 

Murray me enseñó con sus escritos que los impuestos son un fetichismo: es el arma letal del principal enemigo. El Estado te adoctrina mediante la educación, desde niño, para convencerte de una supuesta verdad humana, que en el fondo no tiene por qué ser cierta: nadie se libra ni de la muerte ni de los impuestos. ¿Por qué traigo a colación esta declaración de principios? Porque el actual presidente de Estados Unidos, una veleta política llamada Joe Biden, quiere convencer a sus gobernados de que se puede salir de la actual crisis pandémica con una receta gubernamental ya conocida: aumentar impuestos. 

El viejo Biden ha decidido financiar a su gobierno no reactivando la economía maltrecha, ni estimulando la inversión privada, ni alentando a los emprendedores. Lo quiere hacer cobrando más impuestos. Planea duplicar la tasa impositiva sobre las ganancias de capital de las corporaciones 39.6 por ciento. Súmese a eso, el impuesto adicional sobre los ingresos de inversión. En total, los grandes inversionistas tendrían que pagar hasta 43.3% de impuestos, por el “espantoso” delito de invertir en su país. Obvio, se trata de una concesión de Biden al ala radical del Partido Demócrata, lidereado por Elizabeth Warren y Ocasio-Cortez. Y no digan que no lo advirtió Donald Trump hace más de un año. 

El ejemplo de Biden bien podrían seguirlo una bola de legisladores radicales en México como el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar. A nadie nos gusta pagar impuestos pero nos han lavado el cerebro de que se trata de un mal necesario. Grave error: cuando los impuestos no se justifican son sólo un mal a secas. Más cuando la burocracia crece año tras año y el gasto público se dispara en favor de políticas clientelares y en beneficio de líderes corruptos. Si la mayoría de las personas físicas o morales vivimos de lo que ganamos (vendiendo bienes y servicios) y el gobierno se mantiene sólo de lo que nos quita coercitivamente a los contribuyentes, entonces se entiende que los impuestos son un botín, una estafa o una vil extorsión.

Como haría cualquier forajido del Viejo Oeste que dispara a todo lo que se mueve, el gobierno pretende “gravar todo lo que se mueve”. Y si no comete este exceso con más empeño es porque los contribuyentes ofendidos solemos convertirnos en votantes ofendidos. ¿Y quién querría despertar al México bronco o a la América trumpista? Si el gobierno mexicano nos “castiga” a los emprendedores quitándonos el 32% de nuestras ganancias, o aún más como lo ha propuesto el imprudente diputado federal Alfonso Ramírez, el impuesto es una vil extorsión.

Si el gobierno me promete seguridad pública a cambio de pagarle un tributo pero cada mes el crimen organizado en complicidad con la policía me pide cuota por “derecho de piso” en mi negocio familiar, so pena de secuestrarme o matarme, el impuesto gubernamental es una vil extorsión. Si el gobierno me cobra por vivir en mi propia casa, pero usa ese dinero para comprar votos a fin de quedarse en el poder, el impuesto es una vil extorsión. En todos estos ejemplos el contribuyente sufre una presión fiscal sin compensaciones.

En México ha aumentado recientemente el costo de la luz a los hogares más pobres, de diciembre a abril: 8.6 por ciento. La gasolina Magna aumentó 11.90 por ciento. La Premium 15.61 por ciento. El control de precios es la peor política pública. Pero el gobierno acusa a los emprendedores y a los inversionistas de ser ellos los únicos culpables de la inflación: no acepta que aumentan el precio de sus bienes y servicios porque no les queda de otra. Pero el gobierno sí es responsable de provocar precios más elevados, reducir la producción e ingresos por su voraz afán recaudatorio y porque eleva sus gastos en corruptelas al mismo nivel de sus ingresos. Joe Biden acabará por incrementar la desconfianza contra él de los inversionistas norteamericanos y a los mexicanos nos está dando el peor de los ejemplos de cómo no gobernar en épocas de crisis.

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