Gertz y Scherer: guerra entre siameses

Eloy Garza

Alejandro Gertz Manero y Julio Scherer son siameses peleados a muerte. El fin político de uno es el fin político del otro y comparten un mismo corazón: Andrés Manuel López Obrador. 

Da igual si estos siameses se pelean por obtener una victoria pírrica: la suerte de uno es la suerte del otro.

El meollo del asunto estriba en que los dos tienen un grado de poder mayúsculo aunque Scherer ya no trabaje en el gobierno de AMLO ni goce de sus legendarias prebendas y canonjías. 

Si el pleito entre los siameses continúa con ese nivel de violencia, conseguirán lo que en tres años no han podido hacer todas las oposiciones y adversarios del presidente. 

Lograrán romper con lo que en ruso se conoce como “la vertical del poder”. Cada siamés culpa al otro de alta traición. Se han dañado hasta límites intolerables. Irreconciliables, han quedado irreconocibles. 

Ayer la Suprema Corte empató la serie de asaltos decidiendo en contra del fiscal y a favor de la familia política de su hermano difunto. 

Al cabo de siete años de litigio, Gertz quedó ayer exhibido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). 

Hasta ahora, Gertz iba ganando este pleito, al influir para sacar del gabinete a su enemigo Santiago Nieto y a la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. 

Al mismo tiempo, Gertz metió en aprietos, por delitos graves, a varios socios de Scherer. 

Pero luego vino el espionaje de una llamada telefónica de Gertz donde quedó demostrado el tráfico de influencias del fiscal. 

Sin contar con la exhibición en medios periodísticos de sus múltiples residencias en las principales ciudades del mundo. 

Gertz termina así una trayectoria personal que comenzó brillante y acabó en el lodo del escarnio. La decisión de la Corte remata el descrédito de Gertz. 

Y el fiscal no se dio por sorprendido. Desde la semana pasada se habían publicado ya los proyectos de sentencia que librarían de cargos penales a su sobrina política Alejandra Cuevas y su excuñada Laura Morán, a quienes el fiscal acusó de tratar mal a su hermano Federico Gertz, causándole la muerte en 2015. 

Este descontón de la corte a Gertz destruye la poca reputación que le restaba. 

Scherer tampoco queda bien parado en este sainete. Fue obligado a renunciar a su cargo como consejero jurídico y a dejar de ser la mano derecha de AMLO. Sus socios enfrentan delicadas acusaciones penales. 

Ha quedado expuesto como delator de asuntos gubernamentales que nunca debieron salir a la luz. 

Los estudiosos de la geopolítica utilizan un término controvertido: MAD (mutually assured destruction). En español significa: “destrucción mutua asegurada”. 

Es casi una fórmula para evitar la destrucción entre dos enemigos. Si el poder de ambos es peligrosamente del mismo nivel y cuentan con la misma cantidad de armamento, los ánimos violentos se moderarán. 

Si se aniquila a uno, se aniquila al otro. Es un balance paradójico de poder. Una mutua conveniencia de aplacar el odio recíproco. 

Eso deben entenderlo Gertz Manero y Julio Scherer: ninguno de ellos ganará; se destruirán mutuamente. 

Ante una situación MAD (que en inglés también quiere decir loco) las partes llegan a un arreglo. Nadie queda satisfecho, pero les conviene a las partes. Les permite salvar el pellejo a todos. 

Odiarse no obsta para que se acepte pactar forzadamente la paz; es decir, llegar al ideal “suma cero”. Nadie gana, nadie pierde. Y cada santo a su nicho, como dicen en los ranchos. 

Sin embargo, como aseguró recientemente Gertz Manero a uno de sus colaboradores cercanos, él a sus 82 años ya no tiene mucho qué perder. 

Julio Scherer sí, porque es menor de edad y aún le queda un buen tramo de vida activa (si no hay reveses de salud). 

¿Aplica entonces en estos hermanos gemelos la “destrucción mutua asegurada”? Sospecho que no. 

El clímax de esta historia aún está por llegar. Y nos dejará con la boca abierta. 


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