La vacuna de la discordia | Paco Villarreal

Paco Villarreal

En los recientes días, he notado cómo la llegada de las primeras vacunas contra el Covid-19 coincide con una nueva rabieta del SARS CoV-2. Además, noto un repunte de la discordia, los indignados clamores del respetable público por las vacunas que ya se han aplicado, por cómo se van a aplicar, o por la cantidad de vacunas disponibles, o porque en Israel (alrededor de 9 millones de habitantes) terminarán de vacunar en 3 meses, o que sólo en Texas ya han aplicado más de 800 mil vacunas y aquí no (aquel país donde se peleó la prioridad del flujo de la producción de vacunas antes que al resto del mundo). También se han endurecido (aparentemente) las acciones de Nuevo León para restringir la movilidad y la operación de comercios (empresas no).

Hasta el mismísimo tovarishch doktor De la O, coreado oportunamente en medios y redes sociales, se ha indignado por la disposición federal de usar las redes operativas que tiene para la aplicación de las vacunas, y darle prioridad al área rural. A mí en lo personal me vale gorro si la vacuna me la ponen los Servidores de la Nación o los Testigos de Jehová. Si las redes de acción y movilización están ya organizadas, hasta el campanero de la basura (otra red operativa ya armada y eficaz) podría aplicar la vacuna con un adiestramiento adecuado. Preferiría que el personal de Salud se mantuviera activo en la atención a los enfermos, de Covid o de lo que sea. El despliegue para la vacunación necesita una logística distinta, algo que los especialistas médicos, con toda su eminencia, necesitarían aprender.

Sobre el área rural, el tovarishch doktor tiene razón en cuanto al bajo riesgo de contagio. Sólo que dejar a esas comunidades para después no es una buena idea. Primero, porque ese “después” podría no llegar nunca. Así se les ha tratado durante décadas. Otra razón es que en el caso de desatarse un brote son los que tendrían menos posibilidades para enfrentarlo, tanto porque no son un objetivo principal de las campañas de información, como porque no tendrían acceso oportuno a servicios médicos adecuados.

Admitámoslo, las campañas nacional o estatal contra el Covid-19 están dirigidas primordialmente a la anodina, retobona y caprichosa clase media urbana… la plebe romana. Casualmente como en las campañas electorales.
Sé que hay casos en los que la vacuna se ha aplicado a personas que se han “saltado la fila”. Lo deseable es que se aplique primero al TODO el personal de Salud y a quienes ejecutarán la campaña de vacunación (en la mesa o en la calle). Yo hasta exigiría que el tovarishch doktor De la O fuera de los primeros en ser vacunados (si no lo ha sido ya), junto con todos los que integran el consejo de emergencia, incluso los funcionarios políticos (¿suena a pleonasmo? ¡Lo es!); es vital mantener activa la administración pública.

Honestamente a mí no me indigna que alguien, cualquiera, reciba una vacuna antes que yo. Al contrario, me da gusto, y quiero pensar que cada persona vacunada es una trinchera contra la epidemia. Todos podemos ingeniar una buena razón para ser los primeros y todos tendríamos razón. Lo único cuestionable es que nos desviemos de la estrategia planeada que no debe pensar en lo individual sino en el bloqueo colectivo de la enfermedad. ¿Son egoístas? Sí, lo son. Pero una vida es una vida, y es muy valiosa, así sea la de mi peor enemigo.

Es triste que, en una situación tan difícil, estemos enfrascados en pleitos inútiles. ¿Cómo llegamos a esta locura? Creo que de la misma manera como permanecemos en ella. La estrategia nacional no ha funcionado como se esperaba. En tercer lugar, porque el virus ha sido escurridizo; rebasó las previsiones con mutaciones y comportamientos que no se habían detectado antes. En segundo lugar, porque se ha ignorado la coordinación federal y cada estado ha procedido de acuerdo con sus criterios y hasta sin ellos. Y en indiscutible primerísimo lugar, con medalla de oro, porque por cuestiones meramente políticas, se ha desgastado la credibilidad en las autoridades de Salud. Esto último es más relevante, porque entre disposiciones absurdas, priorización de intereses comerciales y empresariales, creación de sistemas propios de control y atención, la gente ha recibido información contradictoria. Y eso se ve casi todos los días en el informe Covid estatal, donde antes que dar datos (el verdadero informe) primero se da un largo sermón alabando las bondades de la estrategia estatal (que, es notorio, no ha funcionado), la irresponsabilidad de los ciudadanos, y demeritando cualquier medida o declaración de los estrategas federales. Es decir, primero la política, luego los (otros) datos. Y no sólo pasa en Nuevo León, ahí está Coahuila pintado de rojo por la federación y repintado bicolor por Riquelme.

En resumen, la gente sí cree en la enfermedad, no cree en quienes manejan la estrategia para contenerla. No es fácil para la sociedad organizarse sola, sin liderazgos, y si los liderazgos se la pasan ninguneándose entre ellos, la gente seguirá desorganizada, rebelde o resignada. Porque no se nos está pidiendo prevenirnos contra el Covid-19, se nos está exigiendo obediencia a un gobierno, federal o estatal, y hasta sesgadamente a grupos políticos. Y eso no es un tema de Salud Pública sino de Política, una política ramplonamente demagógica, por no decir criminal.

PD: palabras claves para la estrategia de Salud contra el Covid-19 en Nuevo León: Deuda, Economía y Elecciones. ¿Y el SARS CoV-2? Bien, gracias, ¡y ancha de gorda la criatura!

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