Paco Villarreal

El gallinero y la parábola de Don Andrés

Paco Villarreal

Yo nunca he sido bueno para la economía de altos vuelos, ni vuelos rasantes. En este tema soy como las gallinas que de pronto aletean y saltan, pero permanecen atentas al suelo sin mayores pretensiones que pacer, poner un huevo y cacarearlo (Decía mi agüelo que las gallinas parece que andan “en la pendeja”, pero son capaces de tragarnos de a poquito sin que nos demos cuenta, ni ellas). Yo creo que por eso entendí, pero no comprendí, la evangélica parábola del presidente López acerca de la electricidad y los oxxos.

Las comparaciones con un usuario doméstico son incompatibles, y la manera como se lleva un pequeño comercio de abarrotes no es equiparable con la de una cadena de esas dimensiones. Es más, a mí la verdad me importa un cacahuate cuánto pagan por consumo de electricidad en los oxxos. Me importa, muchísimo, cuánto pago yo. Y me importa bastante cuánto pagan las tiendas de abarrotes de mi barrio, y por el gas la panadería. Un apagón por incapacidad de pago en este pequeño contexto sí pone en aprietos la economía del país, porque nos condenaría a depender de las grandes cadenas de tiendas y supertiendas… a la miseria, pues. Esto sí lo entiendo y lo comprendo.

Los beneficios en pagos de energéticos en los oxxos y otros establecimientos de esas mayores dimensiones y alcances, no se entienden en los comederos de los gallináceos económicos como yo. Los consumos se transfieren en los costos de los productos y servicios.

Los clientes pagamos también esos consumos. En una tiendita de barrio la dinámica es un poco más chaparra pero más sana, esa transferencia de costos es mínima, los precios sujetos a regulación, y la clientela tiene más libertad para elegir dónde, qué y cuánto comprar.

Entiendo que los oxxos y otras tiendas de ese corte, se mantengan firmes contra las crisis por el respaldo que tienen en entidades económicas más complejas. Oxxo, es Femsa, pero Femsa es mucho más que Oxxo, no sólo en México, también en algunos países de Latinoamérica y parte de Estados Unidos. Así que, la parábola que nos contó el Presidente nos es bastante ajena, porque sólo puede tener el sentido que le dio don Andrés en un ámbito muy lejano de los gallineros económicos de la raza. Lo que también vale para la respuesta de Femsa, porque en los miles de millones de pesos que paga por el consumo eléctrico están incluidos los sobrecostos directos o diferidos que asumiría el cliente. No es que sea injusto, sólo es más complejo. Ventilar el tema a propósito de la reforma eléctrica, no es apropiado porque lo que capta la gente es superficial, es decir, incompleto. La polémica entre las partes, dirimida en los medios y sesgada hacia una u otra parte por estos, no aclara nada la mayoría de la población; apela a reacciones viscerales que empujan a tomar partido por una u otra. Una función de Lucha Libre, ni más ni menos, pero muchísimo menos divertida, sin réferi, y que invita a muchos idiotas a subirse al ring.

Como soy bastante idiota, mi primera reacción a la parábola presidencial fue ir de inmediato al Oxxo más cercano, pagar algunos recibos, comprar cigarros, botana y una promoción de cerveza, y luego romperle los vidrios y pintarrajear sus muros con frases de indignación y repudio. Desistí no por sensatez, sino porque en las tienditas del barrio no puedo pagar los recibos de la CFE ni de Naturgy. También porque creo que la verdadera ganancia de las empresas generadoras de energía va más allá de las tiendas de conveniencia, y es mucho más grande y maquiavélica.

Lo que creo es que esto de las energías limpias (que no lo son tanto) y las leyes a modo, es parte de una estrategia mucho más grande que involucra a más empresas, y es el desplazamiento de control del Estado en la Economía.

No sería tan grave si el Estado fuera incompetente, pero la rectoría económica estatal, así estuviera en manos de gallináceos y otras aves de corral como yo, tiene un objetivo institucionalmente social; las empresas, aunque también lo incluyan casi como una dádiva piadosa, siempre privilegiarán reforzar su potencia como empresas, así sea por encima de los derechos de los trabajadores y la capacidad adquisitiva de los consumidores. Esto lo han demostrado reiteradamente en su injerencia en asuntos del estado, su legión de lobistas en las legislaturas, y el deterioro sistemático de los derechos laborales en México.

Municipios, estados, y hasta hace poco el gobierno federal, no dan paso sin la bendición o a sugerencia del Cuarto Poder: el Empresarial. Aclaro que el antiguo “cuarto poder”, la prensa, también fue enviado al corral de las gallinas (y los payasos), y ya es un poder “de quinta”.

Pero como le dijeron a don Hernán Cortés, “no hay quinto malo”, así que me quedo picoteando en el muladar de las redes sociales para intentar un periodismo más bien testimonial, un equivalente a las quejas que se escuchan cuando se hace fila en cualquier parte. Y esta vez mi queja es que ni las parábolas de don Andrés, ni las oportunas respuestas de doña Femsa, aclaran ni corrigen el problema de fondo que es el de un Poder Económico que fue invitado a la fiesta de la Democracia mexicana y ahora está entercado en comportarse como anfitrión… o como gerente general de México S.A.

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