Samuel o “El Divino Tuerto”

Por: Obed Campos

La tradición habla de un tuerto que le rogaba a la Virgen le emparejara los ojos y así evitar las burlas de las que era objeto. La deidad escuchó sus ruegos pero en vez de devolverle la vista en los dos ojos, lo cegó completamente, con lo cual lo emparejó, de acuerdo al folclore mexicano.

Por eso aplica el refrán “¿Con qué ojos, divino tuerto?” cuando alguien exagera en sus planes que impliquen un gasto más allá de sus posibilidades.

Está como los planes tan bonitos que nos vendió —aunque no todos le compramos— el jugador de golf que tenemos por gobernador, Samuel García.

O ya se detuvo usted a pensar lo que va a costar la faraónica carretera “Interserrana” que conectaría la Carretera Central con la Carretera Nacional. Son miles de millones de pesos para sortear tanto barranco y rodear cerros y atravesar cañadas.

Dinero (que no se tiene) más tiempo que también escasea, y más si el joven mandatario cumple su promesa de buscar suceder al actual inquilino de Palacio Nacional.

Usted cree que Samuel se va a conformar con terminar su sexenio como Dios manda, y cumplir así con el alicaído pueblo de Nuevo León, cuando el demonio de la soberbia le habla al oído mañana, tarde y noche…

En la otra promesa (y esto ya lo había yo señalado) en lo del libramiento La Gloria-Colombia, platicando ayer con un experto en temas fronterizos me la puso clara:

Los terrenos por los que supuestamente pasará esa vía tienen dueños muy quisquillosos, por decir lo menos.

Por eso gobernadores han ido y venido con la misma cantaleta y nada se ha logrado en el tema que Samuel trae como cantando de Las Mañanitas.

Pero mi amigo me pidió considerar otro gran poder fáctico que se opondrá a la obra, que es el de las agencias aduanales establecidas en Nuevo Laredo y apoyadas (algunas, no todas) por negras organizaciones. Ellos no van a querer perder ni un dólar en operaciones que se puedan realizar en Colombia, Nuevo León.

Y tienen sus cabilderos…

Esto, más hay que volver a los dueños de los terrenos por donde se supone que pasaría la vía: ninguno está manco y darán la férrea y fea batalla.

Pero no hay que ir muy lejos para ver lo que realmente es apremiante en el estado, porque del problema realmente urgente que es el de la sequía, Samuel no ha dicho esta boca es mía.

Revivir el proyecto de traer el agua del Pánuco, construyendo un acueducto sería una solución de lo más razonable, pero no sería inmediata y si no llueve este año, nos puede cargar el payaso del desabasto.

Eso sí, con bailecitos y disfraces, mas consejos para la vida infantil en los orfanatos es muy fácil entretener al pueblo, que, si pide pan y no hay, entonces que le den pasteles, diría la dama.

Y en asuntos socialmente no menos importantes, no hay que olvidarse que el pasado 22 de diciembre el gobernador prometió que comenzarían las obras de construcción del nuevo estadio de los Tigres.

Como buen pambolero que soy, estoy esperando a que pongan la primera piedra, digo, pa pedir mis caguamas y echar unos pellejos a la lumbre en celebración…

Y como prometer no empobrece (y menos si se hace con recursos del erario, aunque estos no existan) es que Samuel, al igual que Cruz Martínez Treviño de la Garza, en las escenas de cantina, se las va a pasar echando firmas.

Pero ya no más… “¡Firmas no, Don Samy!”

@obedc
obedcampos@gmail.com

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