Un recuerdo del gran músico Tino Contreras (QEPD)

Eloy Garza González 

Ayer murió Tino Contreras, uno de los pioneros del jazz en México. Tenía noventa y tantos años y era oriundo de Chihuahua. Era un prodigio en la música y una buena persona. 

En mi infancia, mi papá reunió una buena colección de discos LP que grabó Tino como “Flamenco Jazz” (que es una maravilla), “En el viejo Estambul”, y “Música infinita”. 

Uno en especial, que aún conservo, es un LP ya muy rayado por el uso, donde Tino enseña lo básico para aprender a tocar la batería. Toda una rareza discográfica que pasó sin pena ni gloria. Pero circuló por muchos países de habla hispana. 

Se trataba de clases grabadas en estudio, de forma muy rudimentaria. Pero habría que entender estas grabaciones como el antecedente de lo que ahora son los tutoriales de YouTube.  

Por aquellos años, mediados de los 70, papá nos compró a mi hermano Carlos y a mi una batería color rojo brillante. Fue una inversión cara. 

Contrató a un maestro de origen chilango, que era muy bueno para darle a las baquetas y amigo cercano de Tino Contreras. 

Nos platicaba mi maestro que en el entonces Distrito Federal fue el sustituto de planta de Tino Contreras cuando éste no podía presentarse en las tocadas de su banda. Pero la paga era poca. 

Entonces, mi maestro se vino a probar suerte al norte del país y le fue como en feria. Prácticamente se hubiera muerto de hambre si no fuera por sus clases de batería a domicilio. 

Todo marchaba sobre ruedas en nuestras sesiones tutoriales y yo me sentía cada vez más orgulloso de que los vecinos nos mentaran la madre, dado el previsible escándalo que hacíamos con los tambores y platillos.  

En algunas clases, mientras se ausentaban mis papás, nuestro maestro de batería nos ponía a oír a mi hermano y a mi el LP de Tino Contreras. Mientras, se zampaba a pico de botella el whisky Old Parr que mi papá guardaba en una gaveta. 

Un día, mi papá descubrió el bajón evidente de su whisky y corrió sin contemplaciones a nuestro maestro de batería. El tufo delató el triste destino del Old Parr. Y selló la suerte del culpable. 

Mi hermano y yo no nos quedamos con los brazos cruzados: seguimos al pie de la letra las enseñanzas rudimentarias del disco de Tino Contreras. Además, no teníamos otra opción. 

De no ser por esa eventualidad que truncó nuestra promisoria trayectoria artística (Tino no volvió a sacar ningún otro disco tutorial de batería pero sí muchos con sus composiciones propias), mi hermano y yo nos hubiéramos consagrado como los más grandes bateristas de México. Bueno, eso pienso yo. 

Pero el alcohol se interpuso en nuestra carrera encaminada al éxito. Al menos, fue el pretexto ideal para dedicarnos a otra cosa. 

Ya siendo yo mayor, y viviendo en la Ciudad de México, medio aprendí piano y me encantaba ir a un pub de jazz llamado New Orleans (sórdido y sucio) que aún está sobre Avenida Revolución, a unas cuadras de mi departamento. 

En ese pub tocaba Tino Contreras. 

Una noche le conté a don Tino la anécdota de mi infancia y se rió mucho. 

Luego me felicitó por no haber seguido con mi frustrada carrera musical: “ahorita estarías de sustituto mío en esta pocilga, ganando una miseria”. 

Tenía razón. O quizá sería yo un músico consagrado y multimillonario viviendo con las regalías de mis discos en Miami, Florida. ¡La vida es tan incierta! 

Descanse en paz, el gran músico y baterista Tino Contreras. 

Posdata: mi querido Abraham Nuncio nos informa que acaba de dar positivo al COVID-19. Sin embargo, Abraham es fuerte y voluntarioso así que ese pinche virus le hará lo que el viento a Juárez.

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