Waldo y “El Aviso Inoportuno”

Por: Obed Campos

Para las nuevas generaciones: Enrique Cuenca y Eduardo Manzano fueron dos cómicos mexicanos exitosísimos allá por los finales de los años sesentas y setentas, cuando se separaron después de innumerables películas y de su show de televisión, “Los Polivoces”.

En “Los Polivoces” daban vida a un sinnúmero de personajes que reflejaban en mucho la vida social, política y cultural de la época y sabe qué, volviéndolos a ver sus scketchs no han perdido actualidad, aunque usted no lo crea. El dueto se separó a mitad de los años setentas.

En la película “El Aviso Inoportuno”, filmada en 1968 la pareja cómica encarna a los hijos del cacique de un pueblo, metidos en líos por todo y a los que sus padres obligan a buscar la vida en la capital… En el reparto del filme aparecen figuras del cine nacional como Alfonso Arau, Chabelo, Viruta, Don Ramón, y Beto el Boticario.

Y en todas las escenas de lo que se trata es de que la pareja de hermanos “juniors” resultan unos verdaderos inútiles y mal afortunados para encontrar trabajo.

Hay una escena de la cual me acordé ayer: Tocan la puerta de una mansión y con la sección de avisos de ocasión en la mano preguntan si es en esa casa dónde buscan un perro perdido. Cuando les preguntan si ya lo encontraron, el par pide “un adelanto” de la recompensa para ponerse a buscarlo.

Como la realidad es más extraña que la ficción, ayer me platicaron que quien vivió en los arranques de su carrera una escena así de parecida, fue el ahora diputado por Morena, Waldo Fernández, quien se ganó el primer contrato para su despacho de abogados otorgado por un corporativo.

Resulta que Waldo se encontró (no sé si hizo un operativo de búsqueda) la mascota del capitán de una empresa que aunque sampetrina, es trasnacional.

Cuando le ofrecieron una recompensa, el ahora político, y entonces joven abogado recién egresado de la facultad, no la quiso aceptar, pero pidió que le pasaran chambas jurídicas a su bufete… Y así fue como todo comenzó.

Así y contando siempre con la bendición de su madre, Waldo Fernández se fue forjando una imagen y hoy es el gran prócer de la política…

Y pensar que todo se lo debe a un perro perdido.

obedcampos@gmail.com
@obedc

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