¿Cómo está doctor?… ¡Pues, estoy! y muchos, desgraciadamente, ya no están. | Plácido Garza

Plácido Garza

Les platico que tengo un amigo entrañable que se llama Andrés Meza. Tuve la fortuna de ser su profesor en un grupo donde se gestó una de las generaciones más prósperas en talento, en los primeros años de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Regiomontana.

Andrés, pionero de la investigación periodística, compartió aulas con profesionales del periodismo y de la cátedra como mi llorado amigo Manuel Yarto, quien nos dejó hace casi un año; el dramaturgo Hernán Galindo; los maestros de la fotografía periodística, Juan José Cerón, y de estudio, Joaquín Garzafox; el excelso Jefe que fue de la Sección Cultural de El Norte, Edgardo Reséndiz; la polifacética artista Sonya Garza Rapport de Santos; la escritora Irma Braña; el exitoso hombre de medios en TV y Radio, José Hernández; el inmenso Nacho Basauri; el doctor en Comunicación dueño de medios impresos, Carlos Lozano y otros que pusieron a prueba a éste irreverente servidor en su faceta de profesor de esa Carrera, cuando igualaba en edades a todos ellos.

Sirva esta introducción como marco a un mensaje que me envió ayer Andrés, pidiéndome que leyera un texto que escribió su médico de cabecera, sobre la situación que vivimos en México en medio de esta inusitada pandemia.

«Conmovedor», le respondí después de leerlo con un nudo en la garganta. Y Andrés complementó: «Y realista».

Y como lo considero digno de que llegue a más gente, reproduzco en seguida textualmente lo que -con una breve introducción de Andrés- el joven doctor Everardo Treviño escribió con una ortografía y puntuación perfectas, dotes muy escasas y por ende, apreciadísimas, en éstos tiempos. Abro comillas:

Andrés Meza
Mi querido amigo y médico de cabecera, el Dr. Everardo Treviño me envió estas palabras por WhatsApp con el afán de compartir sus ideas, su impotencia y su realidad en tiempos de Covid.

«¿Cómo está doctor?… ¡Pues estoy! y muchos, desgraciadamente, ya no están.

Es la pregunta que contesto a mis pacientes todos los días y que reflexiono constantemente.

¿Y cómo estoy en realidad? Agradecido con Dios; mi familia está bien, yo estoy bien y tengo trabajo, pero también estoy triste por la difícil situación que estamos pasando.

Estoy con ganas de ayudar a cada paciente que me busca; estoy con ganas de darles confort, aliento y toda la atención que se merecen, pero me siento cansado de las largas horas de trabajo, de que no me alcanza el día para terminar mis pendientes y atender a todos mis pacientes.

También estoy desesperado porque la gente no entiende la seriedad de la situación que estamos viviendo; estoy sin comprender cómo hacen viajes de riesgo porque se creen inmunes; estoy sorprendido cómo todavía hay gente que se burla o critica las medidas que tomamos y nos tachan de exagerados.

Estoy orgulloso de mis colegas en la primera línea de batalla.

Estoy con miedo de contagiarme o que mis amigos se contagien y les vaya mal; estoy enojado con el actuar de nuestras autoridades.

Estoy con la impotencia de no poder darle más herramientas a la gente a la que le falta oxígeno, que le hace falta una cama de hospital o que se siente muy mal por esta enfermedad espantosa.

Estoy con ganas de ir al rancho, a Las Coricias, Atongo, Allende, Arteaga, sin tanto protocolo y preocupación; estoy con ganas de abrazar y festejar a mis primos, tíos, amigos.

Estoy con ganas de visitar a mi familia de Laredo y Saltillo; de convivir con mis parientes en Metepec; de ver a mis ahijados y compadres sin estrés; estoy con muchas ganas de visitar a mis amigos que están lejos y a los que están cerca también.

Estoy con ganas de cocinar algo especial para muchas personas; estoy con ganas de ver a mis pacientes frente a frente, que vean mi cara completa sin cubrebocas, aquellos que son de primera vez vean a su médico y lo puedan reconocer.

Estoy con el deseo que Ara y mi madre no tengan la preocupación constante por mí; estoy con miedo de traer el virus a casa; estoy cansado de bañarme tantas veces en el día; estoy con ganas de que esta pesadilla pandémica se acabe.

También estoy con ganas de abrazar a mis padres; con ganas de hacer una carne asada con muchos amigos sin estar preocupado del contagio; estoy con ganas de ir al estadio o salir de viaje; estoy consciente todo el tiempo de que me puedo infectar; estoy con incertidumbre de si mi familia y yo nos podremos vacunar.

Y pues sí, al final de cuentas, estoy contento y agradecido porque ESTOY. Desgraciadamente, muchos ya no están.» Cierro comillas.

CAJÓN DE SASTRE

«Sublime y sensibilizante mensaje», dice la irreverente de mi Gaby, también con un nudo en la garganta.

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