El aborto y la libertad

Oscar Tamez Rodríguez

La resolución de la corte respecto a despenalizar el aborto voluntario para quienes así lo ejerzan abre un debate que se inscribe, al menos, en los enfoques jurídico, moral, médico, social e ideológico-político.

Estar a favor o contra es compromiso de quien emite los juicios, hay quienes argumentan que los hombres no caben en el debate porque es decisión exclusiva de las mujeres. Difiero, debe entrarle la sociedad en su conjunto, si se pide igualdad, ésta debe ser en todo terreno, aceptando las diferencias de opiniones y argumentando a favor.

El debate debe ser entre iguales, es decir, hombre y mujeres o sólo mujeres (al fin de cuentas somos iguales, ¿o no?), partiendo por definir la disciplina desde la cual se abordan los conceptos.

En un debate académico serio, el primer paso es establecer el enfoque o disciplina desde el cual se abordan las definiciones. No es lo mismo hablar del aborto desde una concepción médica que una jurídica o desde una percepción religiosa que una ideológico-política.

Es frecuente que los grupos a favor de la libertad en la mujer para decidir sean los mismos quienes defienden la igualdad entre sexos; esto demuestra incongruencias ideológicas. Los igualitarismos pro-progresismos son cercanos a las izquierdas, los liberalismos pro-tradicionalismos son cercanos a las derechas.

Los grupos llamados progresistas acusan de conservadores a quienes defienden la vida por sobre los abortos, tienen razón, en lo que se equivocan es cuando pretenden cerrar el debate a un sexo, olvidando que su ideología está a favor de la igualdad y por tanto, el hombre al igual que la mujer puede y debe debatir sobre un tema que termina por afectar (para bien o para mal) a la sociedad en su conjunto.

Desde un enfoque jurídico, no todos los abortos deben decidirse desde la exclusión de los hombres y como un derecho único de la mujer, esto es violatorio a los derechos de los hombres y, aunque este comentario disguste a grupos radicales y me gane varios insultos, no todo aborto es decisión exclusiva de las mujeres.

Si el embarazo es por inseminación artificial por espermas comprados por mujeres solteras, resultado de un abuso, hay riesgo en la vida de la madre, en un borrachazo donde no se recuerda el o los hombres con quienes se convivió o en una noche de pasión con desconocidos; sin duda la mujer debe decidir sola sobre la permanencia del producto, feto, embrión o como le llame el área médica.

Si el embarazo es producto de una relación consensuada, con una pareja estable o conocida; en esos casos, la decisión debe ser de ambas partes, guste o no a los grupos quienes objetan este punto.

Ante la ley somos iguales, al menos eso sé, por tanto, los derechos humanos del hombre deben atenderse lo mismo que los de mujeres, en una relación consensuada no hay víctimas ni villanos.

Si el embarazo es con una pareja identificable, las decisiones de la mujer alteran para el resto de la vida al hombre, ¿por qué entonces no tomarle en cuenta al decidir?

Si la mujer decide continuar el embarazo, la vida del hombre se afecta, lo hace en lo económico, jurídico, social y familiar. ¿Por qué excluirlo?, generalizar los casos es tan irresponsable como el peor hombre irresponsable. Hablamos de lo que sucederá más allá de nueve meses. Se debe atender su derecho a la paternidad.

¿Qué sucede si el hombre decide ser padre soltero, no tiene derechos? El debate no es tan simple como reservar la decisión sólo a las mujeres. Sí a la despenalización, no a la exclusión de sexos en la discusión.

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