El acueducto del Pánuco, Samuel García y los ingenieros competentes

Eloy Garza González

Ni modo, tienen que aceptarlo. Eugenio Clariond, entre otros empresarios, se opusieron en 2015 a traer agua mediante un acueducto de 372 kilómetros, y por esa obra no realizada, truncada desde su gestación, además de problemas adicionales, hoy sufrimos en Nuevo León escasez del líquido vital. 

Ayer, El Horizonte recordó lo que dijo Eugenio Clariond en aquellos años: “no necesitamos esa agua, no al menos en el futuro previsible… sería una inversión nefasta”. Reparemos en la frase: Clariond no dijo que la obra fuera muy cara; sus palabras textuales fueron “no necesitamos esa agua”. 

Pues sí la necesitábamos. ¿Se pueden revertir? Sí. Básicamente, porque al frente de Agua y Drenaje de Monterrey ya no está la vieja política, sino técnicos muy profesionales y sumamente competentes. 

En mi artículo de ayer, “El mejor remedio de Samuel García para resolver la crisis del agua” (17/2/2022), prometí que hoy diría cómo revertir tamaño problemón. Para eso tendríamos que seguir un modelo exitoso: Israel. 

A los mexicanos nos encanta hermanarnos espiritualmente con los países pobres, digamos que por solidaridad. Pero no nos gusta seguir el ejemplo de países exitosos como Israel. Los nuevoleoneses, en cambio, sí estamos generalmente más abiertos a las buenas prácticas. Y a asumir riesgos como emprendedores. 

Si hace siete años hubiéramos tomado medias como traer agua del Pánuco, entre otras varias audacias, otro gallo le cantaría a Nuevo León. Pero vamos por partes. Puedo asegurarles que con los expertos que hoy lideran estos proyectos que son muy complejos y especializados, podemos hacer que esta tierra semidesértica, árida, seca, en la que vivimos los nuevoleoneses, se haga de un suficiente suministro de agua para vivir sin sed durante las próximas décadas. 

Antes, les daré algo de historia. Hace 50 años, los recursos hídricos del entonces nuevo Israel eran muy similares a los que vivimos hoy en Nuevo León (que tiene un territorio tres veces más grande que el Estado de los israelíes). Y peor: en un par de años, de contar aproximadamente con 800,000 habitantes, Israel recibió el doble de migrantes. El porvenir les pintaba de la patada. 

¿Qué hicieron? Se pusieron las pilas. Contrataron a expertos muy calificados. Aquí ya lo hizo el gobernador Samuel García con Hernán Villarreal y Juan Ignacio Barragán. Allá, en Israel, hicieron lo propio con un ingeniero hidráulico que odiaba la grilla y se enfocaba en lo suyo (que era resolver problemas prácticamente imposibles). Se llamaba Simcha Blass y era de Polonia. Quizá a mis lectores el nombres le resultará totalmente desconocido, pero Blass logró lo inaudito: colmar de agua el desierto. 

Consiguió ese milagro trazando un plan en tres etapas que a mí me explicaron detalladamente en mi visita a Tel Aviv. 

No sé si casualmente, pero los líderes de proyecto de AyD están cumpliendo al pie de la letra, sucesivamente, cada una de las tres etapas de Simcha Blass, siguiendo su máxima de que se vayan todos los políticos y grillos de la toma de decisiones técnicas, porque mucho ayuda el que no estorba. 

Primero se buscaron nuevas fuentes de abastecimiento de agua mediante perforaciones profundas. Blass extrajo agua del desierto del Neguev. En Nuevo León se valen de extracción de agua en pozos en la Macroplaza,  rehabilitan pozos existentes, perforan nuevos pozos y siguen excavando pozos profundos.  

Segundo, Blass construyó en Israel un acueducto de casi 150 kilómetros, que bombearía agua desde el río Jordán hasta el desierto de Néguev. En aquellos años el llamado Acueducto Nacional (así lo bautizaron los ingenieros israelíes) les salió más caro (en gasto per cápita) que lo que costó el canal de Panamá. ¡Imagínense!

En Nuevo León, el acueducto para el trasvase de agua del Pánuco a nuestras tierras tendría 372 kilómetros y traería hasta 473 millones de metros cúbicos (m3) de agua al año a Nuevo León. Sería un acueducto más del doble de longitud que el de Israel pero por supuesto que con tecnología mucho más avanzada. 

Además, ya el gobernador Samuel García ofreció compartir los 15 metros cúbicos por segundo para nuestro estado y dejar 10 metros cúbicos para Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua e incluso Texas. 

Por supuesto, también Samuel García contempla la posibilidad de traer agua de la presa Vicente Guerrero, ubicada en Padilla, Tamaulipas, y construir un segundo ducto de la presa El Cuchillo (ese proyecto es de los que más me gusta, francamente). 

Israel no tiene actualmente problema de abastecimiento de agua porque en su momento no escatimó en gastos, y entendió que la inversión resultaría muy redituable en términos agropecuarios (producir un kilo de carne por ejemplo, requiere 17% de más agua que producir un kilo de maíz). El trasvase del río Jordan se concluyó en Israel en el año 1964. Nosotros tendríamos que meter ya manos a la obra. 

¿Y la tercera etapa de Simcha Blass? Lo dejo para mi siguiente artículo. No dejen de leerme en El Horizonte. 

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