¿Por qué viajamos por autopistas pese al supuesto riesgo?

Eloy Garza González

Ocurre en Nuevo León ahora que la pandemia nos abrió (ahora sí, por lo visto), un largo receso: los regiomontanos viajamos de nuevo a McAllen o Laredo y resucitan los rumores de asaltos en las autopistas. 

Pocas veces los datos son corroborados, pero proliferan en las redes sociales como Twitter y Facebook y en algunos medios de comunicación.

En ciertos casos estas incidencias son ciertas. Y lamentables. Pero su difusión, cargada de vaguedades e imprecisiones, parece provocar, artificialmente, un desaliento generalizado de cruzar los puentes internacionales para comprar productos extranjeros.

Lo curioso es que el regiomontano presta oídos sordos a esos rumores y se deja ir en su vehículo sobre las autopistas de paga. ¿Prefiere jugarse la vida? 

John Maynard Keynes lo conjeturó en su Teoría General del Empleo (1933): las emociones  de la gente repercuten primordialmente en su comportamiento económico: una gran parte de nuestras actividades depende más del deseo de comprar o consumir que de la lógica. ¿Por qué?

Simple: las decisiones económicas (como por ejemplo viajar para comprar una camisa o unos zapatos, aunque creamos que el peligro es enorme), suelen tomarse a partir de nuestro irrefrenable instinto animal, despreciando riesgos. 

Freud lo estudió en paralelo a Keynes en su libro El malestar de la cultura (1930).

Keynes plantea que nuestro “animal spirit” es la base de todas las transacciones comerciales. Compramos y vendemos generalmente empujados por el instinto, no por el raciocinio. 

El descubrimiento del “animal spirit”, como motor de muchas decisiones económicas no es nuevo ni tampoco es algo por fuerza negativo. A más comercio, más circulantes, mejora la economía. 

Franklin D. Roosevelt apeló al “animal spirit” de los norteamericanos cuando, queriendo atenuar la Gran Depresión con que recibió la presidencia en 1933, declaró en su discurso inaugural: “A lo único que debemos temer es al miedo mismo”. 

Las decisiones económicas no se toman con lógica sino por causas emocionales que calientan las cabezas de la gente.

¿Se atreve a viajar por carretera para pasar un fin de semana comprando en Laredo, Texas, pese a las advertencias? 

No se lo atribuya a que usted es muy valiente. Es su espíritu animal lo que lo induce a tomar el volante y aplanar el acelerador.

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