Samuel García y el pequeño Emilio

Eloy Garza González 

Antier vimos a Samuel García hablar sobre Emilio, un hermoso bebé de DIF Capullos, que por el sólo hecho de estar en esa institución sus orígenes familiares no debieron ser los más óptimos. 

Alguna mala fortuna habrá llevado a Emilio a ese centro para menores y uno le desea lo mejor para su vida futura. 

Samuel habló a mi juicio sinceramente sobre un dilema al que muchos nos hemos enfrentado. O que muchos hemos querido vivir y al informarnos sobre la ristra de impedimentos, se nos estrujó el corazón sin remedio. Hablo de adoptar a un menor. 

El proceso de adopción en México es un fatigoso laberinto burocrático. A veces los trámites se vuelven tan complejos, tan kafkianos, que los aspirantes a padres terminan desistiendo, con los brazos abajo. 

No entraré en pormenores sobre mi frustrante experiencia personal. Subrayo que semejante enredadera legal tiene una razón humanística: ante todo debe cuidarse que un menor de edad no caiga en las manos equivocadas. Eso sería una metedura de pata colectiva. 

Los aspirantes a padres tienen que estudiar su situación propia a fondo, honestamente, tanto desde el plano legal como desde el plano psicológico.

Eso podemos entenderlo bien, y ahí no reside objeción alguna. Sin embargo, también recordemos que la condición ideal para cualquier menor de edad es que crezca sanamente en el seno de una familia. 

Mientras más se retrase el proceso de adopción, que puede prolongarse por años, aún con los padres ya listos para recibirlo, el menor de edad pierde tiempo valioso para su educación y su desarrollo de habilidades y destrezas emocionales. 

Hablo del arduo aprendizaje de la convivencia humana. 

Samuel García nos ha trazado un plan para reformar el sistema de adopción en Nuevo León y en México. 

A grandes rasgos este plan consiste en acercarse con expertos (muchos podríamos opinar al respecto, pero no estamos calificados profesionalmente ni tenemos la preparación suficiente para estos temas tan sensibles). 

Enseguida, la ruta crítica de Samuel apunta a los senadores y a los diputados federales. Por obvias razones mencionó a los de su partido, Movimiento Ciudadano, pero yo invitaría respetuosamente al resto de los legisladores. 

Es importante legislar para volver más ágil el proceso de adopción en nuestro país. 

Ya gobernó en Nuevo León un hombre que tuvo innumerables  fallas humanas pero que sin duda mejoró la condición de muchas niñas y niños de Nuevo León. Se llamó Alfonso Martínez Domínguez. 

Aclaro que yo no soy fan de ese señor tan celebrado últimamente: lo ronda una leyenda negra que él mismo alentó en aquellos años de gloria presupuestal. 

Pero esto no obsta (al menos en mi caso) para reconocerle a este político el sincero auxilio que guardaba por los menores, sobre todo por el destino de los más desprotegidos. 

Cuentan algunos (yo no lo sé de cierto) que el mismo don Alfonso sufrió la ausencia de padre siendo niño y muchos fuimos testigos de cómo el lobo de la política mexicana se volvía un manso corderito cuando sus nietos se le trepaban en ancas.

Algo similar al caso de la indómita Úrsula Iguarán, el único personaje sensato de “Cien años de soledad”, que era práctica y recia de carácter pero que ya de vieja bajaba la guardia sumisamente y se dejaba mangonear por sus descendientes más pequeños.

También expreso mi admiración a otro gobernador, este sí en funciones, con quien nunca me he cruzado en toda mi vida, pero de quien se que adoptó hace algunos años a cuatro hermanitos huérfanos. Y son tan hijos suyos como lo son sus propias hijas biológicas. 

Se que cometo una total indiscreción pero haré público el nombre: Francisco Javier García Cabeza de Vaca. 

Por todo esto y más yo no puedo menos que ponerme del lado de Samuel García por su justa posición ética y de solución legal sobre los niños sin padres. 

Respaldo a Samuel y a Mariana. Sus motivos personales tendrán para tocar estos temas tan sensibles. 

Más allá de cuestiones políticas, comparto su preocupación por el futuro de esas niñas y niños de DIF Capullos y en general de todos los menores sin un hogar cálido donde se les brinde amor, protección y educación. 

El gobernador de Nuevo León tiene mi apoyo absoluto e incondicional para cumplir cualquier tarea que impliquen mis medios y recursos. Los niños lo son todo en la vida. Ellos van primero que nada en este mundo. 

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