Sobre el mítico Tamoanchan y Rosario Robles que se quedará en prisión preventiva

Eloy Garza González

El presidente López Obrador nos propone a los mexicanos irnos a vivir a Tamoanchan. Para quien no haya oído hablar de este lugar mítico de la cultura mesoamericana (cuyo sitio terrenal, para mí, debió ser Xochicalco, en Morelos), les diré que este paraíso mexica es lo más parecido a una utopía. 

Ahí impera plenamente la felicidad. 

Los tlatoanis priistas del pasado Siglo XX, en México, hablaban de justicia social, de moderar la desigualdad, de defender el peso como un perro, de solidaridad, de cumplir demandas agrarias, etcétera. 

Sin embargo, nunca juraron llevar al pueblo prometido a ningún tipo de Tamoanchan. Lo suyo era reivindicar la historia personal de un manojo de héroes (Hidalgo, Morelos, Juárez), aunque antes de asumirlos como profetas de un paraíso postrero, eran únicamente modelos a seguir; ejemplos de vida. 

Ninguno fue capaz de profetizar la felicidad en la tierra.

El presidente López Obrador, en cambio, sí lo dice con todas sus letras: promete la felicidad para los mexicanos, el viaje a Tamoanchan. 

¿Esto es bueno o es malo? Depende. 

Es bueno porque prometer no empobrece. Si yo como político les garantizo a mi pueblo que les traeré la felicidad a sus casas, nadie me reprochará mi noble afán de externar tan buenos deseos (cada quien sabe, en su fuero interno, que la felicidad es consecuencia en todo caso de entornos favorables, buena suerte y decisiones personales). 

En cambio, es malo, porque se asume que en México hay paternalismo estatal: el Estado nos proveerá de felicidad, de alegría, de buenas vibras, y eso es simplemente una quimera. El Estado ya no tiene dinero para todo eso. 

El presidente AMLO sabe que únicamente alguien de mala entraña, un pesimista o un amargado lo criticaría por pretender repartir la felicidad en México. 

Además, el presidente advierte que habrá felicidad para todos, menos para los corruptos. Así que no es parejo el pase de admisión a Tamoanchan. Cosa que está muy bien, porque como canta Celia Cruz, “no hay cama pa´ tanta gente”.

Lo que sí no funciona es sostener este viaje mítico como meta fundamental de un gobierno. Porque Tamoanchan carece de Guía Roji, no aparece en Google Maps, y no fue más que una ilusión de los mexicas, que las futuras generaciones se encargaron de olvidar en su repertorio de creencias inútiles. 

Con que de verdad se quede en la cárcel tanto bribón (no nada más Rosario Robles a quien ayer le negaron el amparo ya se queda en su prisión preventiva) y con que no sean tan cínicos dejando andar a sus anchas a Emilio Lozoya en el Hunan, con eso nos bastaría a los mexicanos, aunque nos quedemos en el mismo lugar terrenal, contaminado, sin buenos servicios básicos y con mala vialidad. 

Al cabo ya estamos acostumbrados.

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