Ánimas en pena y testamentos líricos

En mi familia, uno de los grandes problemas que se han padecido es una negación obstinada y absurda a la muerte. Se asume con alguna resignación, pero se procura no “invocarla” de ninguna manera, ya sea por previsiones de salud, por compra de paquetes funerarios o por preparar testamentos. Es el síndrome del bebé que se cubre los ojos para esconderse. Yo también lo hago, aunque con trampa.

El insomnio nuestro de cada día

Hace un par de semanas, luego de un descanso breve y muy relativo, con algún achaque mortificándome, me dispuse religiosa, que no devotamente, a meterme a la cama con el firme propósito de dormir. Dicen que el sueño es reparador. Es posible. Aunque todo depende si se cumple una cuota mínima, regular y, sobre todo, en un solo abono diario.

Bruno, el DIF y el bello narciso

Hace algunos siglos, don Conón de Capadocia escribió una historia que si no fuera la incipiente preceptiva literaria de la época, sería un clásico de la literatura de terror. Don Conón contó la historia de un joven cazador beocio llamado Narciso, que era insoportablemente bello. Otro joven, Aminio creo se llamaba, se enamoró del cazador, pero fue rechazado.

El estadio y el faraón

No voté por el gobierno fosfo. Creo que quienes me conocen lo saben. Su campaña era consistente con lo que la gente necesitaba, exigía. Pero eso no es ninguna novedad. Todas las campañas vampirizan a la esperanza popular. Desconfiaba del descontón al pasado inaugurando un “nuevo” Nuevo León.

Por qué me vacuno

Cuando era niño de verdad (ahora lo sigo siendo, de cierta extraña manera) tuve una dolencia en la garganta, y no teníamos acceso a algún tipo de servicio médico. La solución rural siempre fue la medicina herbolaria, algunos medicamentos de uso común (mentolato, mejoralitos, desenfriolitos), y por supuesto, ¡magia!

El Año Nuevo comienza en marzo

Aunque antaño celebraba yo con bastante y alcohólico entusiasmo el año nuevo, hogaño me vuelto cada vez más renuente. Luego de concelebrar algunas tradiciones de la “noche vieja”, ahora las veo con alguna desconfianza. Ninguna de ellas cambió algo en el año posterior…

Los círculos del Metro de Dante

Siempre he sido ciudadano de infantería. Nunca aprendí a manejar un auto. Pocas veces lo lamento porque veo cómo han sufrido quienes tienen un vehículo. Que si placas, que si refrendos, que si cambio de aceite, que si gasolina cara, que si los baches, que si tronó la transmisión, que si el embotellamiento, que si el estacionamiento, que si se rajó la llanta...