Gabriel Boric y Samuel García: mandatarios y gobernadores treintones

Eloy Garza González

Que un joven gane en segunda vuelta (se le dice balotaje) la presidencia de un país y que este joven tenga 35 años deja varias lecciones para México. 

Como ustedes saben, la primera vuelta de la campaña presidencial de Chile la ganó un ultraderechista: José Antonio Kast. 

Dos puntos abajo quedó en segundo lugar el candidato de la izquierda, de la coalición Convergencia Social-Apruebo Dignidad, Gabriel Boric. La diferencia de puntos fue la más estrecha en las últimas dos décadas. 

Aquí está la primera lección para México. Si en Chile no hubiera segunda vuelta electoral, el presidente hubiera sido el ultraderechista Kast. Sus partidarios ya creían tener la Presidencia en la bolsa. 

La victoria de Kast hubiera rondado 30% de la votación. Dicho en otras palabras, hubiera ganado legalmente pero con poca legitimidad.

Va ahora la segunda lección para los mexicanos. El perdedor de la primera vuelta, Gabriel Boric, claramente de izquierda, tuvo que deslizarse al centro para sumar más votos que al final le dieron el triunfo. 

Si no hubiera segunda vuelta, Boric se hubiera mantenido en la extrema izquierda. Ahora es un político moderado, centrista. 

En México no existe la segunda vuelta electoral. Malamente. Si reformáramos la Constitución para introducir la figura de la segunda vuelta mejoraría el perfil de nuestros gobernantes. 

El ganador de una elección tendría que negociar con diversas fuerzas, sin parapetarse en su trinchera. Y de eso se trata la política: de conciliar. 

En la figura de la segunda vuelta suelen perder los que polarizan y ganar los que concilian. 

La otra lección de Gabriel Boric para los mexicanos es de perfil electoral. 

En México decíamos hasta hace pocos años que un candidato de 30 años años carecía de la experiencia suficiente para gobernar bien. Juventud era sinónimo de novatez.

Gabriel Boric demostró en los debates presidenciales contra su contrincante que estaba tan preparado o más que su opositor, un experimentado defensor a ultranza de Pinochet. 

Lo cual me lleva a otra lección, para mí la más importante. No todas las izquierdas en América latina son lo mismo. Eso nos quiere hacer creer Mario Vargas Llosa. Pero está equivocado. 

Evo Morales y Nicolás Maduro no tienen nada que ver con Gabriel Boric. ¿Cuál es la diferencia? Gabriel es ultrafeminista. Cree en la paridad de género. Postula la inclusión social. Defiende las energías verdes, renovables. Es ambientalista. Respalda la innovación tecnológica. Respeta la ciencia. 

Y sobre todo, lo primero que hizo Gabriel en su primer mensaje la noche cuando ganó las elecciones el pasado 19 de diciembre, fue tenderle la mano a sus contrincantes con la frase: “no se confunda, seré el presidente de todos los chilenos”. 

En Nuevo León un segmento de los votantes tenía muchas reservas por la edad de Samuel García (33 años) y de Luis Donaldo Colosio (36 años). 

Es más lo que une como generación a Samuel con Gabriel Boric que lo que los separa en términos ideológicos. 

Samuel cree en las energías verdes, es ambientalista, postula la innovación tecnológica, defiende la paridad de género y la inclusión social. 

Lo primero que hizo Samuel fue no polarizar como gobernante y por eso le aprobaron por unanimidad su Presupuesto de Egresos en el Congreso del estado. Esa hazaña de cabildeo no la habíamos visto desde hacía muchos sexenios. 

Gabriel Boric asumirá la presidencia de Chile hasta marzo de 2022. Las elecciones presidenciales en México serán en 2024. 

Habrá que ver si la edad de los candidatos para ese entonces será un obstáculo, o por el contrario, será el motivo principal para que los electores voten por ellos. 

Aunque no lo crean los escépticos, México está cambiando. 

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